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Dejé el Pasado y Volví a Brillar al Piano romance Capítulo 122

—¿Cómo no iba a gustarle alguien tan increíble y brillante como tú, Florencia?

La voz grave de Salvador acarició el oído de Florencia, y sus hombros, que temblaban, empezaron poco a poco a calmarse. Aun así, las palabras tan duras de Juliana ese día seguían doliéndole.

Con voz apagada, preguntó:

—Salvador, ¿cuándo se va a recuperar mi mamá? ¿Tú crees que sí va a estar bien?

Su abuelo también le había dicho que Juliana solo estaba enferma, que antes no era así.

Pero Florencia no podía evitar preocuparse. Temía no poder soportar más antes de que Juliana sanara.

Cada vez que veía a Juliana depender tan ciegamente de Facundo, sentía un nudo en el pecho. Y esas palabras tan punzantes solo la hacían sentir peor.

Salvador le dio unas palmaditas en el hombro, intentando reconfortarla.

—No te desesperes. Ya le pregunté a Agustín, y me dijo que el estado de tu madre es muy extraño. Es como si alguien la hubiera hipnotizado. Pero ahora Facundo la tiene muy vigilada, así que no se puede comprobar nada todavía.

—¿Hipnotizada? —Florencia frunció el ceño, confundida.

No sabía muy bien cómo era Juliana al principio. Siempre la habían criado para ser la heredera de la familia Castillo, pero al final terminó renunciando a todo por Facundo, dedicándose a la casa y sin siquiera acercarse a la empresa. Todos esos años de esfuerzo, tirados a la basura.

Era difícil de entender.

Florencia intentó recordar su infancia. De pequeña, Juliana también era cariñosa con Facundo, pero a veces la abrazaba y le cantaba canciones para dormir. Aunque no fuera la madre más entregada, nunca la había lastimado con palabras tan duras como ahora.

¿Sería cierto que la habían hipnotizado? ¿Por eso era tan sumisa con Facundo?

Su abuelo también había dicho que, después de un accidente, Juliana cambió por completo.

Fuera como fuera, el mayor beneficiado seguía siendo Facundo. Florencia no tenía dudas: él estaba metido en todo esto.

—No podemos movernos tan rápido con la familia Villar —explicó Salvador—. Más tarde mandaré a alguien a investigar el pasado de Facundo, antes de que entrara a la familia Castillo. Tal vez encontremos alguna pista.

Todo el pasado de Facundo antes de llegar a la familia Castillo era un misterio. Incluso Florencia solo sabía que Juliana se había enamorado de él y que por eso lo había hecho su esposo.

Pero incluso eso era borroso. Ni siquiera sabía cómo se habían conocido.

Tal vez sí era buena idea averiguar el pasado de Facundo.

Aunque, además de Facundo, había alguien más...

Apenas había terminado de hablar con el detective, cuando escuchó unos golpecitos en la puerta. Era Mireya, que entró con una charola de galletas.

—Florencia, tu esposo me pidió que viniera a platicar contigo. ¿No te molesta que entre?

—No, para nada, pasa —Florencia ya se sentía más tranquila y se apresuró a recibirla.

No eran muy cercanas y tampoco compartían muchos temas, así que inevitablemente terminaron hablando de hombres.

Mireya la miró con un poco de envidia.

—Florencia, tu esposo te cuida muchísimo. No sabes, cuando estábamos allá abajo y notó que estabas mal, salió volando a verte. Y todavía está ahí abajo, defendiéndote.

¿Era cierto? Florencia esbozó una sonrisa amarga. Si solo se miraba lo que él mostraba en público, parecía que la cuidaba mucho.

Pero, ¿quién sabía lo que hacía Salvador a sus espaldas?

—Benjamín y tú sí que son el ejemplo —le dijo Florencia—. Me contaron que cuando se casaron, Solara y Rivella se llenaron de flores. Dicen que fue una fiesta como pocas.

—Ay, ni tanto —respondió Mireya—. Todo eso es puro show de los hombres. Los matrimonios de negocios no tienen nada de romance. Apenas hace unos días fue mi cumpleaños, él salió a cerrar un trato y lo esperé hasta la noche. Al final, regresó con un pastel, y ni siquiera era de los que me gustan. ¿Eso te parece que le importo?

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