Florencia tenía clarísimo que, en ese momento, lo más importante era probar que ella no había plagiado la canción antes de que el escándalo estallara por completo. Había que proteger al Grupo Guzmán y reducir las pérdidas al mínimo.
Sin perder tiempo, se despidió rápido de Gilda y Thiago y corrió de regreso a Jardines de Esmeralda para buscar sus bocetos originales.
El equipo de relaciones públicas del Grupo Guzmán se movió a toda velocidad. En cuestión de minutos, ya habían publicado tanto las partituras como los audios previos a la versión final de la canción.
Pero a menos de media hora, en Entretenimiento Luna de Diamante, respondieron de inmediato publicando el supuesto proceso creativo de Rafael. No solo subieron los audios, también había videos.
Debajo de la cuenta oficial del Grupo Guzmán en redes, los insultos no paraban de llover.
Con el cierre del concierto de Rafael, sus fans también se enteraron del escándalo en redes y, como si hubieran destapado una colmena, empezaron a llegar en masa.
Gilda soltó un suspiro, resignada.
—Florencia, solo mostrar el proceso de creación de la canción no va a bastar para demostrar que tú eres la autora. Si la canción se filtró, cualquiera podría imitarla y no hay manera de probarlo solo con eso. ¿No tienes algún otro tipo de prueba?
Ya para ese momento, la cuenta oficial del Grupo Guzmán estaba completamente invadida. La información de Florencia había sido expuesta y miles de personas exigían que pidiera disculpas. Todo se había salido de control tan rápido que ni tiempo les había dado de reaccionar.
En esa situación, ni siquiera a Gilda se le ocurría una frase tranquilizadora como “los que saben del tema conocen la verdad”. Al final, la mayoría de la gente no está metida en el medio.
Y para colmo, Rafael tenía un currículum reluciente, así que la gente prefería creerle a él.
—Sí tengo otras canciones —respondió Florencia, algo nerviosa—. Son de hace tiempo. Desde que compuse la primera, guardé todas en cintas de video, y cada una tiene fecha. Mi estilo no ha cambiado tanto en estos años. ¿Eso serviría?
—¡Por supuesto que sí! —A Gilda se le iluminó el rostro—. Aunque alguien cambie su estilo, siempre deja huellas en sus piezas anteriores. Y ese tal Rafael, a lo mucho reescribió Espina. No debe tener nada parecido guardado. Si tú tienes tus grabaciones desde el inicio, eso es el mejor respaldo.
—Entonces, en este momento voy a buscar mis cosas.
Cuando su abuelo vivía, la cuidaba y la consentía más que nadie. No solo grababa cada canción que ella componía, también registraba en video cualquier momento importante de su vida.
Cuando él falleció, Florencia siguió con la costumbre de grabar audios, solo para seguir sintiendo esa conexión. Nunca pensó que algún día esas grabaciones le servirían para algo así.
Por un instante, le pareció sentir la bendición de su abuelo desde el cielo, como si él hubiera preparado todo para que no sufriera.
Florencia ni siquiera había bajado las escaleras cuando la secretaria de Thiago subió corriendo, pálida.
—Señor Guzmán, esto se salió de control. Los fans de Rafael rodearon el edificio y están exigiendo que entreguemos a la señorita Villar. Ahora mismo, no hay manera de salir.
—Florencia nunca sale en público, ¿cómo…?
—No sé quién filtró la foto de la señorita Villar en internet, pero allá abajo todos tienen carteles con su cara impresa. Si baja, la van a reconocer de inmediato.
Gilda intentó decir algo, pero la secretaria la interrumpió antes de que pudiera terminar, y a Gilda se le notó el disgusto en la cara.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Dejé el Pasado y Volví a Brillar al Piano