Florencia ya no le prestaba atención a la actitud de Juliana; en ese momento, lo único que le importaba era saber dónde había terminado esa maldita cinta de video.
Volvió a insistir, apretando los labios con ansiedad:
—¿Cuándo se llevó Martina la cinta?
Facundo giró el rostro, lanzándole una mirada significativa a Juliana.
Pero Juliana hizo como si ni la hubiera visto, manteniendo ese aire desinteresado que siempre la caracterizaba.
—Pues hace rato, ¿por qué quieres saber tanto? Además, te advierto: ni se te ocurra meterte con Marti, ¿eh? Ella sí ayuda a la familia con las deudas, no como tú, que solo sabes venir a cobrar y no haces nada útil.
Juliana nunca había sido amable con Florencia. Durante años, Florencia se había tragado el orgullo y aguantado sus desplantes, pero ese día, la paciencia se le acabó.
Sin pensarlo, la empujó a un lado y le soltó:
—Ya despierta, ¿sí? Hasta defiendes a la hija de una amante, ¿no te da asco?
Ni se molestó en ver la reacción de Juliana. Tenía prisa por localizar a Martina y recuperar la cinta, así que apenas salió de la mansión Villar, sacó el celular para marcarle.
Pero justo cuando iba a presionar el botón de llamada, cayó en la cuenta: si Martina había tomado algo tan importante, lo más seguro era que no contestara su llamada. Si Florencia la buscaba, solo la pondría en alerta.
Así que se giró hacia Salvador y le soltó:
—Dijiste que me ayudarías, ¿no? Pues si de verdad lo dices en serio, márcale tú a Martina y pregúntale dónde está.
Salvador dudó un momento, frunciendo el entrecejo, pero no hizo ningún movimiento.
Florencia soltó una risa seca.
—¿Qué pasa? ¿No que muy dispuesto a ayudarme? ¿O nada más cuando no se trata de Martina? Mira bien, esa cinta solo tiene grabaciones de mi abuelo tocando música. Justo ahora va y se la lleva… ¿tú crees que lo hizo por casualidad?
Pareció que Salvador por fin cedía. Sacó su celular y marcó el número de Martina.
Lo único que se escuchó del otro lado fue el tono de llamada y luego la línea ocupada. Martina no contestó. Salvador suspiró, resignado:
—Si en verdad fue ella, no va a responder. Y si ya tiene la cinta, seguro va a entregarla. Ven, vamos, te llevo a Entretenimiento Luna de Diamante.
—Dame un minuto, voy por algo —dijo Florencia, abriendo la puerta del carro. Pero justo antes de subir, recordó algo y salió corriendo de nuevo hacia la mansión Villar.
...
Juliana y Facundo bajaban por la escalera. Al verla entrar de nuevo, Juliana alzó la voz:
—¿Otra vez tú? ¿Ahora qué quieres, abogada del diablo?
Florencia ni siquiera se dignó a contestarle. Caminó directo hacia el cuarto de vigilancia, desconectó el USB del monitor de seguridad y se dispuso a marcharse.
Con la cinta fuera de su alcance, necesitaba estar preparada.

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