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Dejé el Pasado y Volví a Brillar al Piano romance Capítulo 132

La mano de Florencia apretaba la manga de Salvador con fuerza, sin dejar de insistirle, casi suplicando. Salvador respiró hondo, sujetó con firmeza la muñeca de Florencia y habló con seriedad:

—Flor, tranquila. Si ella de verdad quiere esconderse, no la vas a encontrar así nomás. Mira, yo me encargo de buscarla, ¿sí? Por ahora, mejor come algo.

Florencia no tenía ni pizca de hambre, pero Salvador la llevó casi a rastras hasta el área de comidas del hotel. Sin darle opción, le pidió al mesero que trajera varios platillos.

—Flor, si de verdad fue Martina quien hizo esto, te juro que va a tener que darte una explicación. Anda, come algo, yo me encargo de resolver todo esto.

Con esas palabras ya no le quedaba mucho más que decir. Florencia bajó la mirada, observando los platillos frente a ella. No sentía ganas de comer, pero aun así, empezó a llevarse la comida a la boca, como si fuera una máquina.

Mientras tanto, Salvador, de espaldas, hablaba por teléfono junto a la ventana. La distancia era suficiente para que su voz llegara entrecortada hasta donde estaba Florencia; sin embargo, alcanzaba a escuchar que sí estaba buscando a Martina.

Florencia nunca se imaginó que él realmente vendría a enfrentar el problema a su lado.

De pronto, los recuerdos de su adolescencia la invadieron. Aquellos sueños de niña en los que él aparecía para rescatarla, ayudarla a salir de sus peores momentos, por fin se hacían realidad... aunque ya era demasiado tarde. Ese sueño, que tanto anheló, ya no le sabía tan dulce. Solo sentía una extraña mezcla de emociones.

...

—Oye, ¿no es ella la de internet? La que se apellida Villar, la que le robó la canción a Rafa, ¿no?

—¡Sí es ella! ¿Y todavía tiene el descaro de salir a la calle? Encima, viene a un hotel de lujo, disfrutando el dinero que se robó... Qué tranquila se ve, ¿no?

Florencia, perdida en sus pensamientos, apenas notó cuando un grupo de chicas jóvenes pasó cerca. Todas vestían de forma estrafalaria, con maquillaje llamativo, imitando el estilo de ese tal Rafael.

Solo de verlas, cualquiera adivinaba que eran sus fans.

Una de ellas la reconoció y de inmediato jaló a sus amigas para rodearla. La empezaron a mirar de arriba abajo, burlándose sin disimulo.

—Yo no robé nada. Duermo tranquila porque sé que no hice nada malo —contestó Florencia, con voz baja pero firme.

Cada una de esas canciones le había costado noches sin dormir, desvelos y esfuerzo. Podía decir sin exagerar que esos temas eran como sus hijos.

Ahora, no solo habían sido robados, sino que la otra persona tenía la fama y el descaro de hacerse pasar por la verdadera autora. Encima, alentaba a sus fans a atacarla y humillarla. ¿Qué diferencia había entre eso y que te arrebataran a tu hijo, lo echaran a perder y luego te usaran de chivo expiatorio?

—¡Todavía se defiende, qué risa! ¿Acaso vas a decir que nuestro Rafa te copió a ti? Mírate, ¿de dónde saliste? Ni quién te conozca.

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