Emilia observó a Salvador apurado, listo para salir. Sin poder evitarlo, preguntó una vez más, algo insegura:
—¿De verdad va a ayudar a la señora?
—Sí —contestó Salvador, brindando una respuesta clara, aunque en su tono se notaba cierta molestia.
No entendía por qué Emilia dudaba tanto. Él y Florencia eran esposos; si algo le sucedía a su esposa, no podía quedarse de brazos cruzados.
Florencia, desde la ventana, vio cómo el carro negro de Salvador desaparecía entre la oscuridad de la calle.
La promesa de aquel hombre aún resonaba en sus oídos. Apretó con fuerza el USB que tenía en la mano.
Las palabras de Salvador siempre sonaban tan convincentes, incluso seguían provocando un leve temblor en su corazón. Pero esta vez todo era demasiado importante: no solo estaba en juego su propia vida, también la de Thiago y el futuro del Grupo Guzmán. No podía confiar en él.
Si... Si después de esto Salvador realmente podía dejar de lado a Martina, Florencia pensó que quizás podría darle una oportunidad para empezar de nuevo. Al fin y al cabo, su bebé seguía creciendo en su vientre.
...
—¿Va a salir, señora? —Emilia apenas escuchó ruido en el pasillo cuando salió corriendo de la cocina para ver a Florencia.
Florencia asintió. Por temor a que ocurriera otra situación inesperada como la de esa mañana, se había puesto un cubrebocas. Sentía el aire denso y no tenía ganas de hablar.
Emilia notó enseguida que algo no andaba bien.
—¿A dónde va? ¿Quiere que la acompañe?
Florencia no se negó; en realidad, ella misma no tenía el valor suficiente para salir sola en ese momento.
El carro se detuvo frente a la estación de policía. Emilia, al ver adónde iban, no pudo evitar sorprenderse.
Florencia ya había entrado por la puerta principal.
—Vengo a denunciar. Alguien entró a mi cuarto mientras no estaba y se llevó mis cosas.
—Sí, fue la hija de la señora que trabaja en mi casa. Mi papá dice que es mi hermana, pero yo no lo tengo claro. Solo sé que se llevó algo muy importante para mí. Aquí está la grabación de las cámaras.
—Pensé en arreglarlo en privado, pero no logro comunicarme con ella. No contesta el teléfono, nadie sabe dónde está. Sospecho que quiere vender lo que me robó, así que solo me queda pedir ayuda aquí.
Emilia siempre había creído que Florencia era frágil, pero al escucharla hablar con tanta coherencia y calma, pudo finalmente respirar aliviada.
El relato fue rápido. Pronto, Florencia tomó asiento a un lado, y Emilia notó que sus ojos destilaban una calma inusual.
En realidad, Florencia estaba muy serena.
Desde que salió de la casa de los Villar, se había preparado para lo peor.

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