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Dejé el Pasado y Volví a Brillar al Piano romance Capítulo 14

—¡Tú! —Martina sentía que iba a explotar de coraje.

Ella ya sabía que Florencia nunca seguía las reglas, pero jamás imaginó que fuera capaz de hacer semejante locura. Con la mandíbula apretada, le lanzó una advertencia:

—Hermana, ¿qué ganas bromeando con los intereses de la empresa? No olvides que sigues siendo la señora Fuentes. Las ganancias de la compañía también cuentan como bienes de ustedes dos.

Martina ni siquiera se sonrojó al mencionar lo de los bienes compartidos.

Florencia solo se encogió de hombros y le respondió con desdén:

—¿Y eso qué? Si Salvador puede derrochar cien millones de pesos en un anillo para su amante, ¿por qué yo no puedo darme un respiro? Si de plano no aguantas, hermana, ¿por qué no…?

Dejó la frase flotando, se acercó y le susurró al oído a Martina:

—Haz que se divorcie de mí.

Florencia lo hacía a propósito, quería provocar a Martina.

Como ella y Salvador ya no podían hablar sin pelear, necesitaba apoyarse en otros: Ciro, Martina… quien fuera. Lo que quería era que Martina armara un alboroto con Salvador y que él, por fin, firmara el divorcio.

Pero en los oídos de Martina, esas palabras sonaban diferente. Era como si Florencia se pavoneara de su puesto como señora Fuentes. Como si estuviera segura de que Salvador nunca se divorciaría de ella.

Martina apenas podía controlar su respiración. De inmediato recordó la llamada de Ciro de hace rato.

Ciro le había dicho que quien no quería el divorcio era Salvador.

Florencia, indiferente al rostro de Martina —como si acabara de ver un rayo partir el cielo—, miró al encargado de la empresa y se fue, sin ningún apuro, a tomar un taxi.

Se fue tan rápido que no alcanzó a ver que, del otro lado de la calle, un Bentley conocido estaba estacionado ahí.

Cuando Salvador se acercó, el encargado —que había sido testigo de la escena— por fin respiró aliviado, como si por fin tuviera a quién acudir.

—Ay, señor Fuentes, si no llega usted, yo ya no sabía ni qué hacer con todo esto.

La lluvia de la noche anterior aún dejaba el aire pesado y húmedo.

Salvador miró en dirección al taxi que se alejaba.

—¿Qué acaba de pasar?

—Fue la señora Fuentes —respondió el encargado—, no permitió que firmáramos el contrato con Martina. Ya ve cómo es esto, el contrato siempre lo llevó Martina y no podemos ponérsela difícil, ¿verdad?

Desde el tono, era claro de qué lado estaba.

Por un lado, la señora Fuentes, siempre en casa y ahora queriendo divorciarse. Por el otro, Martina, el brazo derecho de Salvador en la compañía. No era difícil elegir.

Martina se apresuró a decir:

—Señor Fuentes, no se moleste con mi hermana. Seguro entendió mal la relación entre usted y yo. Le prometo que buscaré el momento para explicárselo bien.

Suspiró, con la cara llena de preocupación.

—Pero esto de la empresa es serio, y mi hermana no debería usarlo como chantaje. Ahorita dijo que no dejaría que firmara el contrato y, la verdad, me da miedo que haga algo que cause problemas en la compañía.

Volvió a suspirar, con una expresión tan triste que daba lástima:

Capítulo 14 1

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