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Dejé el Pasado y Volví a Brillar al Piano romance Capítulo 168

Florencia no pensó en discutir. Simplemente le entregó el acuerdo a Noah para que lo modificara.

Cuando el documento volvió, aún sentía el calorcito del papel recién salido de la impresora. Florencia lo tomó y se lo pasó a Juliana.

Esta vez, Juliana no dudó. Bajó la mirada y firmó.

Florencia observó cómo su nombre se dibujaba con fluidez sobre el papel. Sintió un vacío extraño en el pecho, como si algo dentro de ella se hubiese desmoronado.

Juliana terminó de firmar en un instante y enseguida exigió:

—¿Y la tinta para la huella? Ni creas que me vas a engañar, también tienes que poner tu dedo aquí.

La impaciencia en la voz de Juliana le aceleró el pulso a Florencia, pero aun así le pasó la caja con la tinta preparada.

Juliana estampó su huella, satisfecha, y deslizó los papeles de vuelta a Florencia.

—Listo, ya está todo. Desde hoy ya no eres hija de la familia Villar, así que no vuelvas a aparecerte por aquí.

—No te preocupes. A ese lugar, aunque Facundo me lo pida de rodillas, no pienso volver jamás —contestó Florencia, sin titubear.

Juliana bajó la mirada solo un poco, pero Florencia ya no tenía ganas de adivinar qué pensaba.

Dio media vuelta y estaba a punto de salir de la habitación cuando la voz de Juliana la detuvo, cargada de un matiz extraño:

—Florencia, porque fuiste mi hija, te daré un consejo: cuando algo se tiene que terminar, hay que hacerlo de una vez. Si no, solo te traerá problemas.

Florencia se quedó rígida por un segundo. Una mueca amarga se dibujó en sus labios. Ya habían firmado el acuerdo de ruptura total, ¿acaso Juliana temía que ella se arrepintiera? ¿Por eso le soltaba esas frases punzantes?

—Ya no tenemos nada que ver. Tampoco necesito tus consejos —respondió Florencia, sin mirar atrás.

No vio la mirada pensativa que Juliana le lanzaba, perdida en la ventana del cuarto, donde el reflejo de Salvador parpadeaba entre la luz.

Florencia ni siquiera alcanzó a abrir la puerta cuando, del otro lado, el golpeteo de varios pasos retumbó en el pasillo. Alguien abrió la puerta de golpe: era Facundo, y a su lado, Martina, todavía en vestido elegante. Era claro que se habían enterado de algo y habían corrido desde la subasta.

Facundo la empujó a un lado, con desesperación, y fue directo hacia Juliana:

—¡Juliana! ¿Estás bien? ¿Por qué Florencia vino a buscarte así de repente?

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