El hospital en el que estaba Juliana no era el mismo donde Florencia se había realizado los exámenes de embarazo antes.
Ella, que normalmente podía mantener la calma sin preocuparse demasiado, sintió cómo su expresión se tensaba apenas al escuchar a Oliver mencionar la palabra “infertilidad”. Sin quererlo, su mirada se deslizó hacia Salvador.
Y sí, Salvador tenía el ceño tan marcado que parecía que en cualquier momento iba a explotar.
No era la primera vez que Salvador le insinuaba su deseo de tener un hijo.
Ahora, con las palabras de Oliver, era como si le hubieran tocado la herida justo donde más dolía.
Oliver seguía hablando, metiendo cizaña sin parar.
—Mira, Salvador, como tu hermano mayor te lo digo: si tienes algún problema de salud, más vale que te lo revises rápido y no andes escondiéndolo. Justo aquí al lado está el consultorio de los hombres, ¿por qué no te das una vuelta, eh?
—No hace falta que te preocupes por mí, estoy perfectamente. Más bien tú, ¿qué haces aquí, un tipo hecho y derecho metido en ginecología? ¿O qué, tienes algo diferente en el cuerpo que no nos has contado? —Salvador soltó una carcajada despectiva.
Dio un paso al frente y, sin más, tomó la hoja de resultados que estaba sobre el escritorio del doctor.
No alcanzó a ver lo que decía cuando Oliver, rápido como un rayo, se la arrebató de las manos.
El papel quedó arrugado, apretado en el puño de Oliver.
Su mirada había perdido toda chispa de broma y, mirándolo de frente, le tiró con tono cortante:
—¿No te enseñó tu mamá que no hay que meterse en asuntos ajenos, Salvador?
El ambiente en el consultorio se volvió tenso de inmediato.
Florencia sintió cómo la mano de Salvador, apoyada en su cintura, se aferró con fuerza. Bajó la vista y notó los tendones marcados en la muñeca de él, como si estuviera conteniendo una tormenta interna.
Entre los hermanos, todo estaba a punto de estallar.
Florencia no quería meterse en ese pleito.
Intentó apartar la mano de Salvador de su cintura.
Antes de lograrlo, Salvador soltó una amenaza:
—Oliver, será mejor que reces para que lo de mi mamá no tenga nada que ver con ustedes. Porque solo por lo que acabas de decir…
Oliver lo interrumpió con una risa burlona.
—Ya, hermanito, ¿para qué amenazas aquí frente a extraños? Si quieres investigar, adelante. Aunque no fuera por esto, tú y yo ya tenemos cuentas pendientes.
Pero te lo advierto: cuídate, no vaya a ser que la rata que salió de la alcantarilla no se adapte a la vida de lujos en Solara. Al final, aunque te quedes con la lana de la familia Fuentes, ¿te va a alcanzar la vida para gastarla?
Las discusiones entre Oliver y Salvador siempre habían sido tensas, pero nunca tan directas y tajantes.

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