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Dejé el Pasado y Volví a Brillar al Piano romance Capítulo 173

Cuando Florencia miró hacia Salvador, él justo la estaba observando también.

No apartaba los ojos de su mano, esa con la que Florencia acababa de entregarle el regalo a Thiago.

Su mirada era oscura, cargada de una indiferencia cortante, tanto que los empresarios alrededor, que trataban de quedar bien con él, se quedaron en silencio, incómodos.

Martina también dirigió la mirada hacia Florencia, y con un ligero asombro murmuró:

—Señor Fuentes, no sabía que mi hermana también había venido.

Sus palabras sonaron a advertencia disfrazada, y el semblante de Salvador se tornó aún más sombrío.

No solo había venido Florencia, sino que ni siquiera le había avisado. Y para colmo, traía regalos para otro hombre.

Lo que más le dolía a Salvador era que, en todos los años de matrimonio, Florencia jamás le había regalado nada.

Martina, atenta a los cambios en el rostro de Salvador, vaciló y añadió:

—Salvador, ya que mi hermana está aquí, creo que no sería apropiado que yo siga acompañándote como tu pareja esta noche. Si ella nos ve, seguro va a enojarse.

¿Florencia se enojaría por eso?

A Salvador le costaba creerlo.

En el tiempo que llevaban compartiendo casa en Jardines de Esmeralda, Florencia apenas y le dirigía la palabra. ¿Acaso ahora iba a molestarse por una tontería así?

La observó sentada en la zona de descanso, con ese vestido rosa pálido que hacía resaltar su piel como si fuera de porcelana. Aunque el cuello del vestido era algo alto, dejaba ver una parte de su cuello, delicada y blanca.

Florencia se mantenía erguida, con la mirada distante. Solo le dirigió una rápida mirada, tan breve que parecía considerarlo un simple desconocido.

Ese detalle le revolvió el estómago a Salvador.

Sin pensarlo demasiado, Salvador rodeó la cintura de Martina con el brazo.

—Tú y yo no tenemos nada de qué avergonzarnos —dijo, con tono firme—. No hay razón para andar con rodeos.

Mientras decía esto, volvió a mirar a Florencia, pero ella seguía sin mostrar la mínima emoción.

A Salvador se le agotó la paciencia. Sin soltar a Martina, caminó directo hacia donde estaba Florencia.

Thiago, que había notado la actitud desafiante de Salvador, dudó antes de hablar:

Sus palabras eran como cuchillos, buscando herir. Antes, cuando veía a Salvador con Martina, Florencia siempre respondía con fuerza. Pero ahora, ni siquiera así lograba sacudirla.

¿Por qué? ¿En serio ya no quería tener nada que ver con él?

En ese momento, Thiago rompió la tensión con una sonrisa ligera.

—Entre amigos es normal darse regalos, ¿no? ¿O es que el señor Fuentes está celoso porque nunca ha recibido uno? —bromeó Thiago.

Abrió la caja que Florencia le había entregado y, sin prisa, se quitó la lujosa pulsera que traía, reemplazándola por el reloj que Florencia le dio, todo bajo la mirada pesada de Salvador.

Cada gesto de Thiago era como un golpe directo al ego de Salvador, recordándole que, en todos esos años, jamás había recibido un solo regalo de su esposa.

La vena en la sien de Salvador se marcó con fuerza.

—Oye, Guzmán, ¿no te cansas de meterte en lo que no te importa? ¿No te da vergüenza coquetear con una mujer casada delante de tu propia familia? —le lanzó, con rabia contenida.

Florencia sentía que la cabeza le palpitaba. Salvador se comportaba como si hubiera perdido la razón, tal y como Oliver había dicho alguna vez: era como un perro rabioso, atacando sin aviso y haciendo el ridículo.

—Ya basta, Salvador —dijo Florencia, conteniendo el enojo—. Si tienes algo que decirme, lo hablamos en privado. No tienes por qué armar un escándalo en la fiesta de otra persona.

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