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Dejé el Pasado y Volví a Brillar al Piano romance Capítulo 177

—¿De veras habla en serio con eso, señor Fuentes? —preguntó Ángel con una ceja levantada.

Salvador desvió la mirada hacia Florencia. La vio, siempre tan imperturbable, como si estuviera hecha de hielo y nada pudiera tocarla. Se le escapó una risa seca.

—Por supuesto que hablo en serio. Yo soy de palabra, siempre cumplo lo que digo.

Ángel, satisfecho con la respuesta, no pudo ocultar una sonrisa ancha y descarada.

—Así se habla, señor Fuentes. Con usted da gusto, siempre justo y de frente. Por eso todos dicen que el Grupo Fuentes subió de nivel desde que usted lo tomó. No cualquiera, ¿eh?

La diferencia en el trato era clara. A Salvador le tiraba flores, mientras que a Thiago apenas y le dirigía la palabra. Los que estaban alrededor captaron el tono y enseguida se sumaron con halagos, repitiendo lo justo y ecuánime que era Salvador, como si estuvieran en una competencia a ver quién le hacía más la barba.

Florencia escuchaba todo desde un costado, sintiendo cómo la ironía le subía por la garganta. Qué fácil era volverse el héroe, pensó, si el precio era dejar que la reputación de tu propia esposa quedara por los suelos. Y aun así, él recibía todos los aplausos.

Ángel, con el mismo tono sarcástico, se giró hacia Thiago.

—Mire nada más, señor Guzmán, apenas llega usted de regreso y ya tiene mucho que aprender.

Thiago ni se molestó en mirarlo. Se movió un poco, poniéndose delante de Florencia, ocultándola por completo. Le contestó con la voz tan seca que cortaba el ambiente.

—No entiendo por qué un perro que viene a ladrar a casa ajena todavía se atreve a opinar aquí.

—¡Thi! —Simón lo regañó, notando que se le iba la mano.

Florencia, con una mano temblorosa, le tomó el brazo a Thiago y le hizo una señal con la cabeza, pidiendo que no siguiera. Forzó una sonrisa y se dirigió a Ángel.

—Señor Palma, esta fue una decisión mía. Por favor, no involucre al señor Guzmán en mis errores.

Ángel paseó la mirada de Florencia a Thiago, y luego a Salvador. Algo pareció encajarle en la cabeza. Qué curioso, pensó, la señora Fuentes defendiendo a otro hombre en público, frente a su propio esposo. No era raro que Salvador no la respaldara. Vaya pareja, seguro que estaban lejos de ser una familia feliz.

Con esa idea rondando, Ángel habló con más confianza.

—Señora Fuentes, si va a disculparse, no es a mí a quien debe hacerlo, sino a nuestro Rafa. Mire que para él, recién regresado, su primer concierto ya se vio manchado por esta acusación de plagio, todo por su culpa. Aunque ya se aclaró todo, el daño a su carrera ya está hecho, ¿no cree?

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