El tiempo voló, y por fin llegó el día del concurso de piano.
Florencia se levantó a las seis de la mañana para empezar a arreglarse.
Gilda estuvo a su lado todo el tiempo, echándole porras sin parar y tratando de que no se pusiera nerviosa. Florencia no pudo evitar soltarle una broma:
—Gilda, ¿por qué siento que tú andas más nerviosa que yo?
Gilda murmuró:
—La culpa la tiene Thi. Yo ni pensaba ponerme así, pero desde temprano me llamó para darme mil indicaciones, que esto, que lo otro, que no se me olvide tal cosa... Me puso los nervios de punta.
Antes ni siquiera sabía que podía ser tan detallista. Cuando yo competía en el extranjero, nunca lo vi tan al pendiente.
Florencia respondió:
—Eso es porque tú ya tienes mil batallas encima, ya no hay por qué preocuparse tanto por ti. Yo en cambio tengo mucho rato sin pisar un escenario como este, y además él espera que yo limpie su nombre, así que es normal que esté ansioso.
Gilda preguntó de nuevo:
—¿Y cómo te sientes? ¿Crees que puedes con esto? Mira, pase lo que pase, no te cargues de más, si no se puede esta vez, habrá otra oportunidad.
Florencia la miró directo a los ojos:
—Pero yo no quiero esperar otra oportunidad, Gilda. Ya revisé todos los datos de las otras concursantes que me mandaste. Mi meta es ganar el primer lugar.
No solo lo hacía por la confianza de Thiago, sino también por quitarse de una vez esa etiqueta de “copiona” que no la dejaba respirar.
A las siete, Florencia y Gilda llegaron al auditorio donde sería el concurso. Apenas cruzaron la puerta, se separaron: Gilda se fue a buscar asiento entre el público, y Florencia se dirigió tras bambalinas, a la sala de espera.
En cuanto entró, Florencia notó que ese rumor del que le había hablado Gilda no era ninguna exageración. Las concursantes, aunque llevaban vestidos de diferentes estilos, casi todas usaban vestidos blancos. Todas tenían la espalda recta y la postura tan forzada que parecían querer presumir elegancia.
Florencia, con su vestido verde claro, desentonaba por completo entre tantas faldas blancas.
El comité organizador no había pedido vestimenta específica, así que Florencia pensó que por lo menos habría una o dos como ella, que no se dejaran influenciar por el típico protocolo. Pero no, la única que sobresalía como hoja verde entre la nieve era ella.
Su atuendo ni era tan llamativo, pero justo por el color diferente, en cuanto entró, sintió varias miradas encima. Incluso algunas empezaron a cuchichear entre sí.
Claro que esos murmullos no tenían comparación con lo que Florencia ya había vivido en Solara, así que ni le importó.
De hecho, las chicas pronto cambiaron de tema y se pusieron a hablar de algo más.
—¿Supieron? Este año no solo va a venir el señor Vargas, dicen que también llega un personaje misterioso, parece que viene de Solara. Dicen que va a estar junto al señor Vargas —comentó una de ellas, bajando la voz.
—Eso ya lo había escuchado. Al parecer es socio de la familia Vargas en el tema de inteligencia artificial, vino a Alicante a firmar un contrato. Dicen que es igual de importante que los Vargas —agregó otra.
—Ay, ustedes nada más saben eso. Yo escuché que la esposa de ese señor es amante del piano, por eso él aceptó venir a escuchar este concurso.
—Vaya, con dinero y poder encima, todavía le cumple los caprichos a la esposa... ¿Quién será la suertuda que se casó con semejante bombón? —aventó una más, con tono envidioso.

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