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Dejé el Pasado y Volví a Brillar al Piano romance Capítulo 196

La melodía suave y envolvente del piano flotaba por todo el auditorio, llenando el espacio con una atmósfera casi mágica.

Salvador observaba a la mujer del escenario, vestida con un vestido blanco que resaltaba su figura mientras tocaba el piano. De pronto, no pudo evitar recordar la primera vez que vio a Florencia.

Sin embargo, la mujer del escenario ahora mismo parecía estar esforzándose demasiado, con la espalda recta como una tabla y el cuello rígido, hasta sus gestos se notaban forzados y acartonados.

No tenía la naturalidad ni ese aire de orgullo y distinción que Florencia irradiaba desde adentro.

Claro, no cualquiera podía compararse con su esposa.

En aquella fiesta, entre todas las jóvenes que competían por llamar la atención, solo Florencia logró capturarlo a la primera mirada, despertando en él un deseo incontrolable de tenerla a su lado.

Salvador bajó la vista y giró suavemente el anillo de matrimonio en su dedo anular.

Esta vez, de regreso de Alicante, haría lo que fuera necesario para encontrar a Florencia y traerla de vuelta.

Seguían siendo esposos, ni siquiera se habían divorciado. Por muy fuerte que fuera su carácter, después de más de un mes, ya era suficiente con el enojo.

Uno tras otro, los participantes subían al escenario y luego bajaban, dejando que el piano siguiera tejiendo su música sin pausa.

Tristán intentó sacar varios temas para platicar, pero Salvador apenas le prestaba atención. Finalmente, Tristán le soltó una broma en voz baja:

—¿Qué pasa, señor Fuentes? ¿Apenas lleva unos días en Alicante y ya extraña a la bella de Solara?

Antes de que Salvador pudiera responder, la voz del presentador retumbó por el auditorio, mezclada con el zumbido del micrófono:

—Ahora invitamos al escenario a la participante número diecinueve, Melina Soto. Por favor, la participante número veinte, Florencia, prepárese en la parte de atrás.

El corazón de Salvador dio un vuelco, su mirada se clavó en dirección al backstage.

Florencia...

¿Era ella su esposa?

La había buscado por tanto tiempo, y resulta que todo este tiempo Florencia había estado en Alicante.

Debió haberlo imaginado antes. Florencia siempre había querido venir a Alicante, le apasionaba el piano, así que era lógico que participara en una competencia aquí.

El número diecinueve terminó su pieza en un abrir y cerrar de ojos. Casi sin que nadie lo notara, llegó el turno de Florencia.

Florencia ya tenía su ánimo bajo control. Caminó hacia el piano con paso firme, sin mirar de reojo ni una sola vez al público. Se sentó con la frente en alto, como si lo único que existiera fuera el piano frente a ella.

No importaba si Salvador estaba allí o no. Mientras ella no lo buscara con la mirada, él no podría afectarla ni un poquito.

La mayoría de los participantes solían presentarse o al menos saludar a los jueces antes de empezar.

Pero Florencia no dijo ni hizo nada. Su indiferencia era total, como si en el mundo solo existiera el piano.

En cuestión de segundos, apartó la vista y su mirada se volvió aún más distante.

Alguien que había destruido su vida de esa manera, ¿cómo podía esperar otra cosa? Volver a verlo solo le despertaba un odio imposible de ocultar.

—Con razón se da ese lujo de ser tan altiva, la número veinte sí que toca bien. ¿Usted qué opina, señor Fuentes? —preguntó Tristán apenas cesaron los aplausos, aprovechando el breve silencio en la sala.

Salvador miró fijamente el rostro impasible de Florencia, y soltó una risa cargada de ironía:

—Solo vino a llamar la atención.

Su voz no fue fuerte, pero bastó para que todos en la mesa de los jueces lo escucharan, y claro, también Florencia lo oyó.

Florencia notó que algunos jueces intercambiaban miradas incómodas.

Sabía de antemano, tras lo que había platicado con Gilda, que la familia Vargas patrocinaba el evento. Aunque el señor Vargas no fuera a intervenir directamente, cualquiera podía intentar quedar bien con él.

Y ahora, con Salvador ahí, todos sabían que era socio de la familia Vargas. Seguro que no faltaría quien quisiera complacerlo.

Pero esta competencia era demasiado importante para Florencia, llevaba mucho tiempo preparándose. Miró de frente a Salvador y, antes de que los jueces dieran sus calificaciones, respondió sin rodeos:

—Señor Fuentes, alguien que no entiende nada de música no debería andar opinando sobre los participantes.

—¿Dice que yo quiero llamar la atención? El verdadero payaso aquí es usted. Esta competencia se está transmitiendo en vivo, y los jueces son gente reconocida en el mundo de la música. Nadie va a cambiar su opinión solo porque un ignorante como usted lo diga.

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