El abuelo miraba a Florencia y sentía un nudo en el pecho. En esa habitación, todos solo pensaban en quedarse con lo suyo, pero Florencia no quería nada; su único deseo era marcharse de la familia Fuentes cuanto antes.
Salvador, ese desgraciado, ¿qué tanto la habrá lastimado para que Florencia tomara una decisión tan firme?
Cuando el abuelo tomó la mano de Florencia, su actitud fue dura e inquebrantable: sacó a todos del cuarto antes de hablar.
—Flor, la familia Fuentes te falló. Fue culpa de tu abuelo por no cuidar de ti, por permitir que pasaras por todo esto.
—Tú quieres el divorcio, y yo te apoyo. No hay vuelta atrás. Pero te pido, aunque sea como favor, que no te vayas sin nada. Cuando salga del hospital, haré que el abogado prepare la división de bienes: la mitad de los bienes en común para ti y Salvador. Además, te daré otro diez por ciento de acciones.
—No te preocupes por lo que piensen esos buitres afuera. Esas acciones salen de mi parte, es algo que tu abuelo le da a su nieta.
Al decir "nieta", el abuelo le recordaba, sin palabras, la promesa que ella le había hecho: aunque se divorciara, seguiría siendo una Fuentes.
Florencia sabía bien lo que ese diez por ciento de acciones del Grupo Fuentes representaba para el abuelo. Hasta donde tenía entendido, ni siquiera Oliver tenía tanto. De Álvaro... se rumoraba que, después del escándalo en la familia Fuentes, Dolores se había encargado de vaciarle hasta los bolsillos. Florencia no sabía si aún conservaba acciones, pero si tenía, seguro que no pasaban de esa cantidad.
El gesto del abuelo era, sin duda, una muestra de sinceridad.
Pero justo por eso, Florencia menos quería aceptar.
No quería seguir atada a la familia Fuentes.
Sobre todo, conocía demasiado bien la actitud de Oliver y Álvaro. Si aceptaba las acciones, esos dos la estarían fastidiando todos los días.
Porque las acciones no eran solo dinero. Tenían que ver con el poder en la empresa. Aunque no pudieran cambiar lo que decidía el abuelo, iban a hacer hasta lo imposible por quitárselas. No quería meterse en ese lío.
Se quedaron en ese estira y afloja un buen rato. Ni así el abuelo logró convencerla. Fue entonces que, desde fuera, Álvaro empezó a impacientarse y tocó la puerta apurado.
—Papá, ¿no pueden hablar de esto en casa?
—Ya es bien tarde, ¿no ves que todos seguimos esperando aquí?
En los últimos años, Álvaro se había convertido en un cero a la izquierda dentro de la familia Fuentes. El abuelo ya lo había dejado por la paz, y él también hacía y decía lo que le venía en gana.
Oliver, al menos, cuidaba las apariencias y no apuraba tanto. Álvaro ni eso.
El gesto del abuelo se endureció aún más. Soltó un insulto entre dientes, antes de volver a hablar con Florencia.
—Mira, Flor, no te voy a obligar. De la repartición de bienes, el abogado te mandará todo en estos días. Cuando salga del hospital, te llevo con ese inútil a firmar el divorcio.
Aun con el rostro pálido por la enfermedad, el abuelo se notaba firme. Florencia, aunque quería que todo acabara rápido, tampoco quiso presionarlo más.
Apenas salió del cuarto, Álvaro y su padre ya se habían lanzado de cabeza a la habitación del abuelo.

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