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Dejé el Pasado y Volví a Brillar al Piano romance Capítulo 229

Salvador no respondió a la pregunta de Florencia.

Siempre tenía esa costumbre de hacerse el desentendido cuando algo no le convenía, y ahora no era la excepción.

Florencia lo observó entrar a la cocina, moviéndose de aquí para allá, ocupado en sus cosas.

Igual que la vez anterior.

Solo que esta vez, a diferencia de la anterior, Florencia ya no sentía ni una chispa de esperanza hacia Salvador; esa pequeña ilusión se había esfumado por completo.

Ahora, al verlo, lo único que le nacía era un fastidio insoportable.

Florencia no dijo más. Tomó su bolso y salió de la casa sin mirar atrás.

Si no podía hacer que Salvador se fuera, pues entonces ella misma se marchaba.

En el Grupo Fuentes había trabajo para dar y regalar, y Florencia dudaba mucho que Salvador pudiera quedarse ahí todo el tiempo, por más que quisiera.

Después de comer cualquier cosa, Florencia se dirigió al Bufete de Abogados Estrella para consultar con Edna sobre el tema de la división de bienes.

Ella pensaba que el asunto con el viejo aún tardaría al menos hasta el día siguiente, pero a las tres de la tarde el propio viejo la llamó para pedirle que fuera al hospital.

Florencia decidió ir sola. Tomó un carro y en poco tiempo estaba en el hospital.

Al entrar al cuarto, notó que el viejo lucía mucho mejor que el día anterior.

Toda la familia Fuentes estaba allí, salvo Salvador. El abogado se encontraba de pie junto al viejo, con un montón de documentos en las manos.

Apenas Florencia cruzó la puerta, el abogado le extendió los papeles.

—Señorita Villar, aquí está la propuesta de división de bienes según lo que el señor indicó para usted y para Salvador. Revísela y dígame si tiene algún comentario.

Florencia hojeó el documento por encima. Cuando llegó a la familia Fuentes, no traía nada consigo; todo lo que tenía lo había recibido a través de Salvador. Incluso la casa en Villa Los Álamos se la estaban asignando.

En su momento, cuando pensó en el divorcio, lo único que deseaba de verdad era esa casa.

Pero ahora...

Florencia señaló esa línea en particular y, bajando la voz, dijo:

—Esto ya no lo quiero. Véndanla y denme el dinero.

Ese lugar que antes guardaba recuerdos con su abuelo, ahora solo le hacía pensar en Martina. Ya no le interesaba.

El viejo soltó un suspiro resignado y la miró con una mezcla de tristeza y cariño en los ojos.

No discutió. Solo pidió al abogado que anotara la petición de Florencia.

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