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Dejé el Pasado y Volví a Brillar al Piano romance Capítulo 24

Mirando los recipientes térmicos de los que aún salía vapor, Florencia sintió cómo sus ojos se llenaban de nuevo de lágrimas.

Parecía que desde que estaba embarazada, sus emociones estaban a flor de piel y lloraba por cualquier cosa.

Florencia y Edna compartían una cena llena de calidez esa noche.

...

En el piso treinta y tres del edificio del Grupo Fuentes, dentro de la oficina presidencial, Salvador aventó su celular al sillón, molesto. El aparato seguía marcando, pero nadie contestaba.

Le preguntó a Noah:

—¿A qué vino mi esposa hoy?

—Creo que vino a dejar la comida. Me dijeron que fue idea del jefe —respondió Noah.

—¿Y por qué nadie me avisó de esto? —volvió a cuestionar Salvador.

—Es que hoy, cuando usted regresó, ya había comido afuera con los socios. Además, Martina se lastimó, así que todos terminaron por olvidarse del tema.

El semblante de Salvador se endureció.

“Olvidaron…”

—¿Y mi esposa ya comió? —preguntó de nuevo.

—Ella llegó desde temprano, y estuvo esperando hasta las dos de la tarde. Supongo que quería comer con usted.

Al ver cómo la expresión de Salvador empeoraba, Noah intentó tranquilizarlo:

—Señor Fuentes, su esposa ya no es una niña. Si le dio hambre, seguro comió sola.

Salvador guardó silencio y nadie supo en qué estaba pensando. Noah sentía que el ambiente en la oficina era más tenso que cualquier negociación de la mañana.

Pasó un rato hasta que Salvador volvió a hablar:

—¿Y la comida que trajo mi esposa?

—Debe seguir en la sala de visitas. Se la traigo.

Cuando abrieron el recipiente, la comida ya estaba completamente fría.

Salvador observó el contenido: platillos variados, bien servidos, suficiente para dos personas. Nadie los había tocado.

Murmuró para sí:

—Ni siquiera comió.

Siendo sinceros, Noah pensaba que el señor Fuentes no le daba mucha importancia a su esposa.

La manera en que la trataba era como si solo compartieran el techo, a veces le llevaba regalos, pero también era normal que se ausentara diez o quince días sin regresar a casa.

Noah ya estaba acostumbrado a la indiferencia de Salvador hacia Florencia.

Por eso, al escucharlo preguntar si su esposa había comido, Noah se quedó desconcertado.

—Averigua a dónde fue mi esposa. Y también Edna, ¿dónde está ahora? —ordenó Salvador de repente.

Cuando la familia Castillo todavía estaba bien, Florencia y Edna eran inseparables, aunque no vivieran juntas.

Pero después de que su abuelo falleció y Facundo se adueñó de la familia Castillo, Florencia, que siempre fue la niña consentida, quedó en una situación incómoda. Aunque su relación con Edna no cambió, ya no podían dormir juntas y platicar toda la noche como en la infancia.

Después, Florencia se casó con Salvador y aquello se volvió imposible.

Hasta hoy, que las dos volvieron a compartir cama, y no pararon de platicar hasta la madrugada, como si nunca hubieran dejado de hacerlo.

De no ser porque Edna tenía que ir a trabajar y Florencia debía cuidarse por el embarazo, seguro habrían seguido platicando hasta el amanecer.

Florencia llevaba varios días sin salir de la casa de Edna. Cuando llegó el fin de semana y Edna no trabajaba, le avisó que invitaría a unos amigos para pasar el rato y de paso presentarle algunos.

Florencia sabía que Edna era de las que no podían estar quietas, siempre metida en carreras de carros, paracaidismo y otras locuras.

Si no fuera porque Florencia estaba pasando por ese momento, Edna seguro ya habría salido a divertirse desde temprano.

Por eso, Florencia no encontró motivo para negarse.

Sin embargo, cuando el sábado al mediodía los amigos de Edna llegaron, Florencia se quedó pasmada.

Entre ellos vio a alguien que no quería volver a ver: el hijo menor de la familia Robles, Ciro, el mismo que había amenazado por culpa de Martina.

Florencia recordaba que Edna nunca se llevaba bien con él. No entendía cómo ahora estaba entre sus invitados.

Ciro también se sorprendió al verla y le dijo:

—¿Tú qué haces aquí? ¿Sabías que Salvador anda como loco buscándote?

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