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Dejé el Pasado y Volví a Brillar al Piano romance Capítulo 249

En el rostro de Salvador, las palabras de Florencia pasaron como una sombra incómoda.

Florencia sí que lo conocía bien, no se había equivocado ni tantito.

Estaba en la sala de reuniones del Grupo Vargas cuando escuchó a Mateo entrar de prisa a platicar con Tristán sobre una tal señorita Villar.

Eso le despertó la sospecha y, a propósito, los siguió. Para su sorpresa, resultó ser Florencia.

Aunque Salvador seguía intrigado por la relación entre Florencia y Tristán, sabía que no era momento para enfrentamientos.

Intentó aparentar tranquilidad y cambió de tema:

—Reservé en un restaurante, ¿qué te parece si cenamos juntos esta noche? Al final de cuentas, aunque estemos divorciados, tampoco hay razón para dejar de hablarnos por completo, ¿no?

—La verdad, sí me gustaría no volver a verte nunca —aventó Florencia, sin piedad ni filtro.

El gesto de Salvador se endureció de nuevo. Por dentro, la incomodidad le iba creciendo hasta casi desbordarse.

Tosió para recobrar la compostura y volvió a hablar:

—¿Cómo has estado todo este tiempo? El abuelo te extraña mucho. ¿Piensas regresar pronto a Solara?

Buscaba cualquier tema de conversación, pero al ver los ojos indiferentes de Florencia, se dio cuenta de que, entre ellos, ya no quedaba nada de qué hablar.

Antes no lo notaba, pero ahora que su relación estaba tan tensa, entendió que ni siquiera había un solo tema que obligara a Florencia a responderle.

Sus miradas se cruzaron. Florencia, serena como siempre, le soltó:

—Anoche hablé con el abuelo. Salvador, es tan obvio cuando solo quieres sacar plática que hasta da risa.

El silencio volvió a instalarse entre ambos, incómodo y pesado.

Salvador, buscando y rebuscando en su mente, pensó en la gente cercana a ellos, en amigos, en cualquier pretexto para hablar. Al final, dijo:

—Luciana también te extraña. Me pidió que preguntara cómo estabas. ¿Has hecho nuevos amigos últimamente? ¿Tú…?

—Ya basta, ¿vas a decirme ahora que la tía también me extraña? ¿Que Noah me extraña? ¿Incluso que Álvaro me extraña? —interrumpió Florencia con voz sarcástica, dejándolo sin palabras.

Observando la expresión vulnerable de Salvador, de pronto le vinieron a la mente los primeros días de su matrimonio.

Él casi no iba a casa. Si acaso, una o dos veces al mes.

Cada que regresaba, a Florencia le entraba una mezcla de nerviosismo y ganas de platicar, pero nunca sabía de qué tema sacar conversación. Era como si los anhelos que había guardado de adolescente se le quedaran atorados en la garganta, incapaz de expresarlos.

Así, se pasaba horas mirando la espalda de Salvador, con las palabras a punto de salir, solo para tragárselas en silencio, una y otra vez.

Con el tiempo, aunque compartieran el mismo espacio, apenas cruzaban palabra.

A veces, cuando Salvador estaba de buen humor, la saludaba o le preguntaba algo, pero la mayoría de las veces, el silencio era lo único entre ellos.

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