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Dejé el Pasado y Volví a Brillar al Piano romance Capítulo 53

Los pasos de Salvador se detuvieron, pero el ambiente entero quedó envuelto en una tensión que cortaba el aire.

Él miró a Florencia. Los ojos de ella parecían cubiertos por una nube oscura, imposible de descifrar.

Con un tono seco, Salvador advirtió:

—Martina solo está aquí gracias a ti. No le hagas la vida imposible.

Florencia soltó una risa burlona.

—¿Traes a la amante a vivir a la casa y todavía no quieres que la esposa se moleste? Vaya descaro el tuyo, señor Fuentes.

Yo…

No alcanzó a terminar la frase. Desde fuera del cuarto, se escuchó el estallido de un vaso y la voz sobresaltada de una mujer.

Salvador le lanzó una mirada dura a Florencia.

—Si tienes algo que reclamarme, lo haces después. Deja de desquitarte con quien no tiene culpa.

Esta vez, no le dio ni espacio para responder. —¡Pum!—, la puerta se cerró de golpe tras de sí.

¿Inocente?

Florencia dejó escapar una mueca desdeñosa.

Sin prisa, siguió a Salvador y se asomó desde el barandal del segundo piso, mirando hacia la sala. Martina estaba justo debajo de ella, sentada en el sofá.

Frente a Martina, el piso estaba cubierto de pedazos de vidrio. Tenía la mano herida, de la que brotaba sangre.

Salvador se apresuró a buscar el botiquín para curarle la herida.

Martina se mostraba toda indefensa, moviéndose entre rechazar la ayuda y buscar el consuelo.

Al notar la presencia de Florencia, Martina alzó la vista. Florencia le respondió con una sonrisa burlona, soltando el vaso que tenía en la mano.

El grito de una mujer llenó la sala. El vaso cayó justo frente a Martina. Los fragmentos se esparcieron, y uno alcanzó a rasguñarle la comisura del ojo. Por poco y termina en tragedia.

Todo sucedió tan rápido que nadie pudo reaccionar. Martina se quedó petrificada, cubriéndose la mitad del rostro, sin atinar a moverse.

Salvador alzó la mirada, buscando a Florencia. Ella, apoyada en el barandal, le sonreía con descaro, levantando los hombros.

—Perdón, mi amor, se me resbaló.

Rara vez Florencia llamaba a Salvador “mi amor”.

Siempre había sido tímida. Incluso en la intimidad, cuando él se lo pedía, ella apenas lo murmuraba, colorada como un tomate.

Pero ahora…

Salvador la contempló, notando su sonrisa desafiante. No necesitaba más para darse cuenta de que lo hacía a propósito.

Por un instante, Salvador se quedó sin palabras, fijo en ella.

Fue Martina, con voz apagada y dolida, quien lo trajo de vuelta.

Al girar, Salvador vio la herida junto al ojo de Martina, muy cerca, demasiado peligrosa.

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