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Dejé el Pasado y Volví a Brillar al Piano romance Capítulo 75

Las palabras de Facundo retumbaron en los oídos de Florencia como un mazazo, dejándola totalmente desconcertada.

De inmediato, recordó aquel video que Facundo había mostrado en la mansión de los Villar, donde Juliana, al verla, le lanzó una mirada tan distante que parecía atravesarla. Esa imagen, helada y cortante, la hizo sentir como si le hubieran vaciado un balde de agua sobre la cabeza. Por un instante, Florencia sintió que todo el calor de su cuerpo la había abandonado.

Aunque ya tenía la verdad frente a sus ojos, Florencia se aferraba a una mínima esperanza.

Ignorando por completo las palabras de Facundo, fue directamente a tocar la puerta del asilo. Él, sin prisas y con una calma irritante, la siguió en silencio, sin mostrar ni una pizca de ansiedad o enfado. Solo cuando Florencia hubo revisado la última habitación, Facundo rompió el silencio:

—¿Ves, Flor? Ya te lo había dicho tu papá, no la vas a encontrar. A menos que hagas lo que te pido… ¿Qué dices, te animas a considerar nuestro trato?

—¿Y por qué tendría que creerte? —le soltó Florencia.

Aunque desde un principio había presentido la verdad, recorrer una por una todas esas habitaciones y no hallar rastro de su madre le dejó un vacío doloroso en el pecho.

Facundo la miró con una sonrisa cínica.

—¿Tienes otra opción? O confías en mí o te olvidas de tu mamá. Tú decides.

El tono de amenaza era más que obvio.

Florencia lo encaró; el tipo llevaba esa sonrisa de quien se sabe ganador, como si estuviera seguro de que ella terminaría cediendo. Por dentro, Florencia deseaba con todas sus fuerzas arrancarle esa sonrisa falsa, pero sabía que no podía hacer nada. Mientras su madre siguiera bajo el control de ese hombre, ella no tenía más remedio que agachar la cabeza.

Facundo continuó, inmutable:

—Me he enterado de algunas cosas sobre ti últimamente. No me importa qué estés pensando, pero desde hoy, regresa a la casa de los Fuentes y cumple con tu papel de señora Fuentes. Más te vale que tengas ese niño antes de que se me acabe la paciencia.

Hizo una pausa, bajando la voz para hacer aún más pesada la amenaza.

—De lo contrario… sabes muy bien que tu mamá me obedece en todo. ¿Qué crees que pasaría si le pido que se quite la vida, eh? ¿Crees que dudaría siquiera un segundo?

El silencio en la habitación era asfixiante. Las palabras de Facundo le zumbaban a Florencia en la cabeza como un mal presagio. Empezó a temblar, y solo pudo sostenerse apoyando la mano en la pared para no caer.

—¡No te atrevas! —le gritó—. Si le haces algo a mi mamá, olvídate de recibir un solo peso de mí.

Facundo soltó una risa burlona.

—Juliana y yo llevamos muchos años juntos. No quiero llegar a estos extremos… pero si no consigo salvar a la familia Villar, no tengo motivos para seguir viviendo. Y si yo muero, Juliana tampoco va a querer seguir. Así que, por tu mamá, deberías cuidar de tu papá, ¿no crees?

—Eres repugnante —masculló Florencia, con la voz tensa por la rabia.

Facundo ni siquiera se inmutó.

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