El mayor problema de Juliana ahora era que dependía demasiado de Facundo, tanto que parecía haber perdido su propia identidad.
Por eso, resultaba casi imposible sacarla a la fuerza de su lado.
Salvador, pensando en una solución, contrató a una psicóloga y la hizo pasar por empleada doméstica. Usando como pretexto la preocupación de Florencia, consiguió que entrara a la mansión Villar con cierta autoridad.
Facundo, como era de esperarse, no quería aceptar la presencia de una desconocida en la casa, pero como quien dio la cara fue Salvador, terminó cediendo a regañadientes por no querer buscarse problemas.
Florencia agregó el número de la psicóloga al WhatsApp. De vez en cuando, la doctora le mandaba a Florencia algunas fotos de Juliana para tranquilizarla.
Tal vez porque no quería ponerse en contra de Salvador, esta vez Facundo no intentó sacar a Juliana de la mansión; simplemente la dejó quedarse.
Para Florencia, este resultado tenía su lado bueno y su lado malo. Lo positivo era que podía volver a la casa de los Villar y ver a Juliana; lo negativo era que Facundo seguía tramando algo, y eso le preocupaba.
Emilia, por su parte, volvió a preparar una mesa entera de comida. Ahora que Florencia había regresado, la mujer parecía más animada, cocinándole platillos diferentes todos los días para consentirla.
El primer día que Florencia volvió, Emilia le mostró, como si fueran un tesoro, un montón de frutas secas de todo tipo que había preparado mientras Florencia no estaba.
Florencia podía percibir que, desde que Martina se mudó a Jardines de Esmeralda, Emilia la trataba con un cariño y una preocupación genuinos.
Salvador también había cambiado; ahora, todos los días al mediodía, o volvía a casa a comer con ella, o mandaba a Noah por Florencia para que fuera a la oficina y almorzaran juntos. Incluso le preparaba pequeños regalos para sorprenderla, como si estuviera en plena etapa de enamoramiento.
Nunca antes Florencia lo había visto tan dedicado.
Ese día, como era costumbre, Noah mandó el carro por ella.
Emilia, previsora, le había empaquetado la comida desde temprano.
Como Florencia había estado yendo seguido a Grupo Fuentes esos días, los empleados, aunque quién sabe qué pensaban en realidad, la trataban con un respeto impecable, seguramente por alguna advertencia de Noah.
Cuando Florencia entró a la oficina del presidente, se topó con Gael, que parecía estar conversando con Salvador. Al verla llegar, Gael se quedó callado de golpe.
Salvador, metido en su trabajo, apenas y le prestó atención a Gael. Sin embargo, al ver a Florencia, se levantó inmediatamente, le quitó de las manos el recipiente de comida y la condujo hasta el sofá.
—Has de estar cansada.
Florencia no respondió.
Su actitud era distante, sin mostrar calidez ni frialdad.
A Salvador no pareció importarle; ya se había acostumbrado. Le sirvió agua y agregó:
—Espérame un poco, tengo que resolver un asunto.
Florencia sabía que se refería a Gael. No mostró mayor reacción.
De repente, Gael se acercó a grandes zancadas.

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