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Del despecho al trono: Mi esposo resultó ser el CEO romance Capítulo 8

Durante más de veinte años había sido la hija obediente y sumisa, pero esta vez quería tomar las riendas de su propia vida y no dejar que su familia la obligara a casarse con un hombre asqueroso como Humberto Salinas.

Si sus padres ya habían aceptado dinero a sus espaldas, significaba que estaban dispuestos a venderla al mejor postor.

No quería ni imaginarse hasta qué extremos llegarían para obligarla a aceptar ese matrimonio.

O peor aún, seguir presentándole a cualquier otro viejo millonario que estuviera dispuesto a pagar.

Al ver que ella aceptaba, el rostro de Fabrizio no mostró demasiada emoción, pero su mirada se suavizó un poco.

—Vamos al Registro Civil entonces —dijo en voz baja.

—Vamos —respondió ella.

Registro Civil.

—Chicos, acérquense un poco más —pidió el fotógrafo, frustrado al ver que el espacio entre ambos era tan grande que podría caber un carro.

Fabrizio frunció el ceño y, de mala gana, se movió unos centímetros hacia la izquierda.

Johana, en cambio, no le dio tantas vueltas al asunto y simplemente se pegó al brazo de Fabrizio.

Sus hombros chocaron ligeramente.

En sus casi treinta años de vida, era la primera vez que Fabrizio tenía a una mujer tan cerca.

Se tensó de inmediato, con la mandíbula apretada.

Johana, por su parte, estaba bastante relajada. Mantuvo la espalda recta, las manos apoyadas en el regazo y una sonrisa muy natural en los labios.

El fotógrafo veía la cara de funeral de Fabrizio a través del lente y negaba con la cabeza.

Pero como el hombre emanaba un aura tan imponente e intimidante, el fotógrafo no se atrevió a decir nada más y tomó la foto rápido.

—Listo.

Unos minutos después, les entregaron las fotos impresas.

Cuando Johana vio la cara de pocos amigos de Fabrizio en el papel, casi parecía que alguien le debía un millón de dólares. Le causó un poco de gracia.

Pero su frialdad y su postura distante le daban paz.

Le confirmaba que no había dobles intenciones.

Ambos eran solo dos personas buscando escapar del tormento de sus familias a través de un matrimonio exprés.

Con el acta de matrimonio en la mano, Johana extendió su mano.

—Señor Perea, un gusto. Soy Johana Estrada, espero que nos llevemos bien de ahora en adelante.

Fabrizio asintió.

—Igualmente. Mi nombre es Fabrizio Perea.

Ambos intercambiaron números y se agregaron a sus contactos.

Fabrizio la guardó bajo el nombre de "Señora Perea".

Johana, siendo mucho más pragmática, simplemente lo guardó como "Fabrizio Perea".

Los empleados del Registro Civil los miraban con la boca abierta. ¿De verdad esta pareja de recién casados no se conocía en lo absoluto?

Habían visto bodas rápidas, pero jamás a una pareja que ni siquiera supiera el nombre del otro al llegar.

*Estos jóvenes de hoy están locos*, pensaron.

Al final, las decisiones impulsivas rara vez salían bien; estaban seguros de que en menos de tres meses los volverían a ver para firmar el divorcio.

Ya habían visto esa historia demasiadas veces.

Al salir del edificio, Johana miraba su acta de matrimonio sintiendo que todo era un sueño. ¡Se había casado con un completo extraño!

En ese momento, el teléfono de Fabrizio empezó a sonar en su bolsillo. Lo sacó y vio que era su padre, Arturo Perea.

Le hizo una señal a Johana pidiéndole un momento y contestó la llamada.

Apenas acercó el teléfono a su oreja, escuchó los gritos enfurecidos de su padre:

Capítulo 8 1

Capítulo 8 2

Capítulo 8 3

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