Mireia soltó una risa suave, con una mirada llena de desprecio, aunque mantenía su sonrisa impecable.
—Al final, se nota que vienes de una familia sin influencia. Apenas son cinco millones de pesos y ya te pones toda nerviosa —le lanzó una sonrisa a Romina y suspiró—. Pedir que se fuera de la familia Tovar fue, sin duda, la mejor decisión que pudimos tomar.
Mientras decía esto, levantó el mentón con altivez y se burló:
—Si al menos tuvieras una décima parte de la madurez y el tacto de Romina, ni siquiera estarías viviendo en ese cuartucho que rentaste.
Baltasar, quien había permanecido serio todo el tiempo, levantó la vista y la miró con una expresión dura, frunciendo el ceño:
—La familia Tovar no te debe una cantidad tan ridícula. No hagas el ridículo discutiendo por eso delante de todos, ya fue bastante vergonzoso.
Gisela, que había estado escuchando, asintió como si estuviera de acuerdo con sus palabras.
Sin embargo, enseguida sonrió y les contestó:
—Si para ustedes es tan poca cosa, transfieran el dinero ahora mismo. Es rápido, solo les toma unos segundos. Cuando vea el dinero en mi cuenta, dejaré de darles pena aquí.
El semblante de Franco cambió de inmediato, visiblemente molesto.
Ellos no hablaban en voz baja. Además, con Nelson tan observado por todos, varias personas ya estaban poniendo atención a lo que ocurría en ese rincón.
Nelson intervino, su voz sonó firme:
—Le diré a mi asistente que te haga la transferencia. Ahora vuelve a tu cuarto, cámbiate de ropa y después baja.
Las palabras de Nelson todavía tenían cierto peso en esa casa.
Gisela asintió complacida.
—¿Cambiarme de ropa? No hace falta. Si mal no recuerdo, ustedes ya vaciaron mi cuarto hace tiempo.
—En cuanto me den el dinero, me largo.
Nelson la miró con esos ojos oscuros y profundos, sin mostrar emoción, y le respondió con tono grave:
—Tu cuarto sigue ahí. El vestido para la fiesta está en tu habitación. Cámbiate y después baja.
Y, en voz baja, le advirtió:
—No intentes escaparte.
Por esas cosas del algoritmo, apenas abrió una de sus redes sociales, le apareció un post sobre Romina.
El tema seguía siendo aquel incidente en el antro, donde Romina había quedado atrapada. Los comentarios la acusaban de haber tramado todo para perjudicar a una chica inocente.
Gisela arrugó la frente, molesta.
Algo no cuadraba.
Aunque Nelson y Romina fueran lentos para resolver problemas, no tenía sentido que después de cinco o seis días el tema siguiera tan presente. Esos posts no deberían estar ahí todavía.
Un presentimiento incómodo le hizo apretar el celular entre las manos.
Se levantó y corrió las gruesas cortinas de la ventana para asomarse afuera.
El jardín estaba lleno de gente, pero Nelson y Romina destacaban fácilmente por su porte. Gisela los localizó en un instante.
Ambos conversaban aparte, dándole la espalda a la ventana de Gisela.
No podía verles la cara, pero la inquietud en su pecho creció aún más…

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