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Del Dolor Nació la Diosa de la Venganza romance Capítulo 110

Los ojos de Nelson se oscurecieron y en su mirada apareció una emoción difícil de descifrar. Su voz, profunda y seria, interrumpió el bullicio.

—¿Por qué no te cambiaste de ropa?

Todos los presentes en la mansión Tovar eran personas influyentes, acostumbradas a lujos desde que nacieron. Nadie veía con buenos ojos a Gisela, la hija del chofer adoptada por la familia Tovar.

Por mucho que la familia Tovar la tratara bien, nunca sería una hija de sangre. La distancia era imposible de borrar.

Además, el hecho de que Arturo la hubiera echado de la familia Tovar era un secreto a voces. Todos conocían la postura de Arturo, así que menospreciaban aún más a Gisela.

Algunos, incluso, ya no se molestaban en disimular y se acercaban a Romina para murmurarle cosas al oído, en voz lo suficientemente alta como para que todos escucharan.

—Señorita Romina, tenga cuidado con Gisela. No quiso ponerse el vestido formal solo para llamar la atención. Quiere hacerse notar a toda costa.

—Exacto, y si se atrevió a decir que usted copió su canción, es porque ya le traía resentimiento. No baje la guardia.

Al ver la actitud de Nelson hacia Romina, muchos intentaban quedar bien con ella, como si eso les diera puntos extra.

Romina mantenía una sonrisa impecable y cordial, aunque en sus ojos había una mirada más profunda y calculadora.

—¿Cómo creen? La señorita Gisela no es así. Yo confío en ella. Solo se equivocó de camino, ni siquiera sabe que yo soy Paloma.

Quien le hablaba conocía bien el arte de halagar a unos y pisotear a otros.

—Señorita Romina, qué bueno que ya se supo la verdad y que el señor Nelson está de su parte. Si no, todo esto sería aún más injusto para usted.

Gisela apretó los puños despacio y respiró hondo, obligándose a sonreír.

—Ya que hoy es el cumpleaños del abuelo, quisiera dedicarle una canción para celebrarlo.

Sin más, caminó decidida hacia el frente.

Nelson la detuvo de pronto, sujetándola por la muñeca como si estuviera lidiando con una niña caprichosa. Su tono bajó aún más.

—¿Qué pretendes?

Por dentro, Romina se sentía confiada. Sabía que Gisela apenas era una estudiante de preparatoria, que solo había tomado unas cuantas clases de piano y nunca había participado en concursos importantes. No tenía premios ni composiciones reconocidas.

Estaba convencida de que Gisela no podía superarla. Iba a ser el hazmerreír de todos.

Solo tenía que esperar el momento en que Gisela se estrellara de nuevo contra la realidad.

Pero Gisela había escuchado y tocado Anhelo incontables veces. Podía notar, sin dudarlo, que Amor de Amor —la supuesta obra original de Romina— no llegaba ni a una décima parte de lo que transmitía Anhelo.

Romina no había entendido el alma de la pieza. Su versión de Anhelo era un desastre, y Amor de Amor sonaba hasta desagradable.

Romina sí que era torpe; ni siquiera copiar sabía.

Amor de Amor era una burla para la verdadera Anhelo.

Hoy, aunque fuera solo por esta vez, Gisela le iba a mostrar a Romina lo que era Anhelo de verdad.

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