Gisela no cambió de opinión, y con voz tranquila dijo:
—Si el profesor cree que tengo lo necesario para ganar el primer lugar, entonces déjeme demostrarlo en la próxima competencia, ganando con todas las de la ley. Esta vez, prefiero dejarlo pasar.
Al ver que Gisela ya había decidido, Sara entendió que no tenía caso insistir. Solo le explicó brevemente lo relacionado con la compensación y se marchó.
Apenas se fue Sara, Delia apareció.
Nada más entrar, Delia preguntó por el estado de su fractura. Cuando supo que no era grave, al fin se sintió aliviada.
Pero enseguida, se plantó junto a la cama, con los brazos en la cintura y los ojos bien abiertos, rebosando de indignación.
—Oye, ¿por qué siempre que te topas con Nelson y Romina acabas tan mal parada? Antes no era tan grave, pero ahora hasta te rompieron un hueso y encima te están destrozando en internet. ¿Qué les hiciste o qué? ¿Por qué traes la mala suerte pegada? Hasta parece que pisaste popó de perro. Debería prepararte un baño de hierbas para quitarte lo salada.
—Y esa Romina, vi el video donde habló y, ¡caray! ¿Acaso la gente está ciega? ¿No ven que Romina es una víbora disfrazada de cordero? No solo ella, también su bola de fanáticos que no paran de decir groserías, ¿por qué no les cierran las cuentas de una vez?
—Romina copió y pegó, ni se esforzó en disimular, ¿y aun así hay quien la defiende como si fuera una santa? Hasta yo, que ni soy experta, me doy cuenta de que todas esas excusas son para lavarse las manos. ¿Tan tontos están los que la apoyan? Y luego el trofeo, ¿quién necesita que esa ladrona lo regale? ¿Cómo tiene cara para querer ser la campeona después de copiarse?
—Seguro que los medios y esos portales recibieron dinero, porque publican puras tonterías.
Gisela negó con la cabeza, resignada. Alargando la mano, tomó la manga de Delia y la jaló suavemente.
—Ya, tranquila. Mejor toma un poco de agua antes de seguir, se te va a secar la boca.
Delia, frustrada, le dio un leve golpecito en la frente con el dedo índice, molesta pero también preocupada.
—Ay, tú… ¿Para qué fuiste a ayudarla? ¿No era mejor que Romina se hubiera llevado el golpe? De veras, pareces ilusa, vas y te lanzas a salvarla, ¿y tú crees que ella lo va a valorar? Seguro que ahora anda con sus amigas burlándose de ti. Y los fans, ni se diga, en cuanto se enteraron de que la salvaste, te llenaron de insultos. Esos sí que son unos desagradecidos. Me prometes que nunca más vas a hacer una locura así, ¿me oíste?
Gisela solo pudo asentir.
—Sí, sí, te lo prometo, la próxima vez no lo haré.


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