—¡No inventes, está buenísimo! ¿Tienes más? ¡Quiero escuchar!
—Dicen que la esposa del jefe se enteró y fue directo a la competencia, agarró a Gisela del cabello y le dio varias cachetadas. Después ya no supe qué pasó, porque la señora se la llevó a un cuarto y, aunque cerraron la puerta, se escuchaban los gritos y las groserías que le estaba diciendo. El jefe ni se atrevió a decir nada.
—Vaya, eso sí es amor. Hasta le dio el premio de campeona a Gisela.
—No lo puedo creer, yo hasta llegué a hablarle a Gisela antes. Detesto a la gente que consigue todo por influencias.
—Ya veo por qué Romina prefirió renunciar al trofeo. Seguro la amenazaron los organizadores para que se lo entregara a Gisela.
—La gente me está presionando para que diga más. Ya me contactaron para pedirme que borre mis comentarios, pero yo no me quiero meter con esa gente, ni con Gisela. Aunque no voy a borrar nada, jejejeje.
—Esto ya me tiene harta. ¿Alguien sabe cuál es la cuenta de Gisela?
...
Gisela leía esos comentarios, que parecían relatos de quienes lo habían visto todo, con el ceño fruncido.
¿Cómo era posible que no supiera nada de eso?
Al ver la pantalla llena de insultos dirigidos hacia ella, empezó a sentir una especie de repulsión.
En ese momento, por fin entendió por qué la gente odia tanto a las cucarachas.
Son resistentes, se reproducen sin parar y nunca sabes de dónde van a salir para meterse en tu vida.

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