Cuando Gisela salió de casa esa mañana, hizo lo que acostumbraba todos los días: se detuvo frente a la puerta de Xavier y presionó el timbre.
Para ella era lo más normal del mundo.
Después de todo, Xavier ya le había prometido que trabajaría por un mes en su negocio, Códice Avanzado. Como jefa, sentía que era su obligación recordarle a su empleado que debía ir a trabajar.
El timbre sonó y pasó un buen rato sin que nadie viniera a abrir.
Gisela revisó la hora en su celular.
Nueve y veinte de la mañana.
Tal vez Xavier había llegado muy tarde la noche anterior y seguía dormido.
La hora de entrada en la empresa era a las diez. Como empleado, Xavier debía estar a tiempo.
Gisela presionó el timbre una vez más.
Esta vez, alguien sí abrió la puerta.
Al ver a la joven que apareció, Gisela alzó una ceja con curiosidad.
¿No era esa la chica que había visto anoche en el estacionamiento?
Una sonrisa traviesa se dibujó en sus labios.
Vaya, Xavier no perdió el tiempo, pensó divertida. Ya hasta trajo a la chica a casa, eso sí es avanzar rápido.
Y al notar que la muchacha llevaba puesta una pijama, la sonrisa de Gisela se hizo aún más evidente.
La joven tenía una mirada brillante, dientes perfectos, piel clara y ojos grandes y expresivos. Ayer en la noche la había visto luciendo una falda corta y ahora, por la mañana, la veía usando la pijama de Xavier.
No había duda de que la pijama le quedaba grande; las mangas y los pantalones estaban enrollados varias veces, la camisa caía holgada sobre su figura y el cuello era tan amplio que dejaba ver sus delicadas clavículas.
Gisela, movida por la curiosidad, se preguntaba quién sería esa chica capaz de conquistar a Xavier. Sin embargo, su deber era más importante en ese momento; podría preguntarle los detalles a Xavier más tarde.
Carraspeó suavemente.
—Disculpa, ¿está Xavier...?
—¿Otra vez tú?


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