Mónica dio un paso adelante, con un tono claramente provocador.
—¡A mí solo me bastó un par de sesiones para hacer que Joel recuperara la memoria y devolverle su verdadera vida! ¿Y tú? ¡Tú estuviste atendiéndolo durante años y nunca lograste que recordara que era el heredero de la familia Ibarra!
—¡Leire, tú no estás a mi nivel para robarme un puesto de trabajo, y mucho menos para quitarme a mi hombre!
La cabeza de Leire empezó a zumbar.
De repente recordó que, hacía unos meses, ella y Joel habían ido a una feria de empleo médico.
Como ella tenía prisa por irse a otro de sus trabajos de medio tiempo, le había dado sus currículums a Joel, pidiéndole que le hiciera el favor de dejarlos en cada uno de los módulos.
Tiempo después, efectivamente había recibido una invitación para una entrevista del Hospital Dávila.
Esa vacante era única en todo San Herminio.
Ella había estado súper emocionada, creyendo que sin duda lo conseguiría.
Pero Joel le había agarrado la mano y, con voz suave, le había aconsejado que no fuera.
Él le había dicho: Leire, ese hospital está en el sur de la ciudad y nosotros vivimos al norte. Vas a hacer tres horas diarias en el camión. Con ese tiempo, podrías buscar otro trabajito por aquí cerca y ganar mucho más. Hazme caso, no vayas.
En ese momento, ella también había pensado que pasar tres horas viajando en transporte público todos los días la agotaría demasiado, así que le hizo caso y canceló la entrevista.
Resultaba que...
No tenía nada que ver con el tiempo de viaje.
Sino que él ya había apartado en secreto esa única oportunidad para Mónica.
¡Simplemente porque Leire Saldívar podía aguantar el sufrimiento, y Mónica Solís no!
El costo de los departamentos en esta zona era carísimo, ella no habría podido pagar ni un mes de renta.
Pero, para evitarle a Mónica caminar unos pasos de más, él no había dudado ni un segundo en regalarle un condominio de lujo justo al lado.
Leire sentía como si le estuvieran cortando el corazón a pedacitos con un cuchillo oxidado, una y otra vez.
Le dolía tanto que casi no podía respirar.
Pero se apretó las manos con fuerza, obligándose a tragarse las lágrimas que amenazaban con salir.
Miró a Mónica y forzó una sonrisa llena de ironía.
—¿Un par de sesiones para recuperar la memoria?
Leire dio un paso hacia ella y la miró con desafío:

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