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Divorciada: Su Revolución Científica romance Capítulo 1124

Micaela, después de acompañar a la señora Villegas a socializar con varias damas de alta sociedad, levantó la vista y, sin querer, vio a Samanta. Estaba junto a Leandro, tomándolo del brazo y susurrándole al oído con intimidad, como una pareja con una gran diferencia de edad.

Micaela entendió de inmediato. Samanta había encontrado un nuevo respaldo, y el comportamiento de Leandro en la elección de la cámara de comercio dejaba claro que no estaba nada contento con que Gaspar hubiera asumido el cargo.

El acercamiento de Samanta a él parecía tener un propósito muy claro.

A mitad de la cena, Gaspar subió al escenario como anfitrión para dar un discurso. Bajo los reflectores, su cabello plateado brillaba con un lustre gélido, sin restarle un ápice a su imponente presencia.

—Agradezco a todos su presencia en la cena de esta noche. Como nuevo presidente de la cámara de comercio, continuaré dedicándome a promover el desarrollo empresarial, así como la innovación tecnológica y el apoyo a talentos excepcionales…

Micaela estaba bebiendo un sorbo de champaña con la cabeza gacha cuando, a su lado, Jimena preguntó en voz baja y con curiosidad:

—Micaela, ¿por qué tu exesposo tiene el pelo blanco?

Micaela se quedó perpleja por un momento. Miró la figura que hablaba en el escenario y respondió con naturalidad:

—Supongo que por exceso de trabajo.

Jimena miró pensativa al hombre en el escenario. Tenía sentido, pensó. Dirigir una empresa tan grande y además ser presidente de la cámara de comercio debía ser muy agotador.

—Jimena, voy al baño —le dijo Micaela.

—Claro —respondió Jimena con una sonrisa.

Micaela se acercó al espejo del baño. Estaba lavándose las manos con la cabeza inclinada cuando, de repente, el reflejo de Samanta apareció en el espejo. Samanta se acercó a ella paso a paso, con sus tacones resonando.

—¡Qué coincidencia! —dijo Samanta mientras se lavaba las manos con parsimonia, su voz cargada de un profundo sarcasmo—. Parece que esta noche has cosechado bastante. De ahora en adelante, podrás seguir aprovechando la relación con tu exesposo para obtener beneficios.

—No sé de qué hablas —respondió Micaela con frialdad.

Samanta soltó una risa fría y bajó la voz.

—¿Te atreves a decir que, ahora que Gaspar es presidente de la cámara de comercio, no te traerá ninguna ventaja? Tu empresa, los fondos para tu investigación, ¿hay algo en lo que no pueda ayudarte?

Micaela frunció el ceño, sin ganas de discutir.

Pero Samanta no la dejó en paz.

—Micaela, no lo niegues. Es evidente que has llegado a donde estás gracias a la relación con tu exesposo, y aun así te das aires de ser independiente y fuerte. ¿A quién quieres engañar?

Micaela cerró el grifo, tomó una toalla de papel y se secó las manos lentamente, mirando a Samanta directamente a través del espejo.

Micaela salió al salón de banquetes, miró su reloj y vio que eran casi las ocho y media. Decidió irse.

Se acercó a despedirse de la señora Villegas, quien la tomó de la mano con afecto.

—Ven a comer a casa cuando tengas tiempo. Aunque Anselmo no esté, no te sientas como una extraña con nosotros.

Micaela vio la forma en que la señora Villegas la miraba y supo que Anselmo le había contado sobre su relación.

Un ligero rubor apareció en las mejillas de Micaela mientras asentía.

A unos pasos de distancia, Gaspar observaba la escena. La forma en que la señora Villegas sostenía a Micaela y le hablaba era claramente el gesto cariñoso de un mayor hacia un miembro joven de la familia. Se ajustó los lentes en el puente de la nariz, y una acidez incontenible se extendió por su pecho.

—¿Director Gaspar? —el invitado a su lado notó su distracción—. ¿Se encuentra bien?

Gaspar recuperó rápidamente la compostura y esbozó una sonrisa cortés.

—No es nada. ¿En qué estábamos?

***

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