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Divorciada: Su Revolución Científica romance Capítulo 1143

Sofía llamó a Pilar para que fuera a bañarse. Micaela también bajó las escaleras. Junto al sofá, Gaspar recogía su saco, listo para irse.

Micaela se acercó a él.

—Gracias por cuidar de Pilar.

Gaspar la miró fijamente, su tono grave y serio.

—Micaela, de ahora en adelante yo me encargaré de la niña. Necesito que te concentres por completo en tu trabajo.

Micaela se quedó perpleja, captando una nota inusual en sus palabras. Se detuvo a unos pasos de él y lo miró directamente a los ojos.

—Dime la verdad, este proyecto, ¿está relacionado con alguien muy importante?

Gaspar le sostuvo la mirada. Guardó silencio por un momento, como si sopesara sus palabras, y finalmente, con una pesadez invisible, respondió:

—Sí.

—¿Quién? —Las pupilas de Micaela se contrajeron imperceptiblemente.

—El exvicepresidente —contestó Gaspar en voz baja, y luego le advirtió—: No se lo digas a nadie.

Micaela se quedó de piedra. La última vez que el exvicepresidente tuvo aquel incidente, no hubo más noticias. ¿Así que seguía vivo? ¿Y necesitaba el proyecto de Interfaz Cerebro-Máquina para despertar? ¿Era por eso que el director Ismael había sido tan reservado? ¿Y la razón por la que Norberto se había involucrado personalmente en el proyecto?

Si era así, la sensibilidad y urgencia del proyecto eran inimaginables.

Gaspar dio un paso hacia ella. Su figura, imponente bajo la luz, también dejaba entrever una tensión, como si cargara con una enorme presión.

—Esta tecnología —dijo con voz grave—, podría ser la única esperanza en este momento. Por eso, no puede haber ningún fallo. Necesitamos un avance lo antes posible.

Micaela levantó la vista hacia él, sintiendo la presión que él soportaba. Aunque solo era un empresario, estaba involucrado en esta compleja situación y cargaba con el peso de la responsabilidad.

—Micaela, quiero que entiendas que esto ya no es solo un desafío científico. Es una misión en la que no podemos fallar. —Gaspar la miró con una seriedad que nunca antes le había visto.

—Ramiro, tengo un problema familiar. ¿Podría extender mis vacaciones?

La noticia de la crisis del Grupo Báez ya había salido en todos los medios, así que Ramiro estaba al tanto.

—Te daré tres días más —respondió.

Lara suspiró aliviada, pero al mismo tiempo miró a Ramiro con una mezcla de dolor y resignación.

—Si no hay nada más, cierra la puerta al salir, por favor. —Ramiro volvió a concentrarse en el informe, sin volver a mirarla.

Lara contuvo las lágrimas, levantó la cabeza para mirarlo una última vez y se dio la vuelta para salir.

Sabía que Micaela era la única que merecía la atención de Ramiro. A las demás mujeres, ni siquiera les dedicaba una segunda mirada.

***

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