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Divorciada: Su Revolución Científica romance Capítulo 1175

Micaela se inclinó para colocar los sensores en el cuerpo del mono. Concentrada en la pantalla de al lado, no se dio cuenta de que el mono en la mesa de operaciones había abierto los ojos de repente. Para cuando reaccionó, el animal ya le había arañado el brazo, dejándole varias heridas tan profundas que la sangre brotó al instante.

La sangre tiñó de rojo la manga de su bata blanca, asustando tanto a Jeremías como a Tadeo, que estaban a su lado. Sin embargo, su primera reacción fue sujetar al mono, que no había recibido suficiente anestesia, para evitar que la siguiera hiriendo.

Por suerte, el mono volvió a sucumbir al efecto del anestésico poco después y perdió su agresividad. Tadeo lo devolvió a su jaula.

Jeremías salió corriendo del laboratorio y regresó enseguida con un botiquín de primeros auxilios.

—Doctora Micaela, tenemos que ponerle la antitetánica y la vacuna contra la rabia de inmediato —dijo Jeremías.

Micaela, aguantando el dolor, se quitó la bata y se subió la manga. En la parte media de su brazo, varias marcas de arañazos graves sangraban abundantemente.

—Primero te haré una curación rápida, y luego iremos al hospital lo antes posible —dijo Jeremías mientras le vendaba el brazo.

Micaela asintió. El dolor le provocaba finas gotas de sudor en la frente.

Tadeo llamó a emergencias.

—La ambulancia ya viene.

Cuando subieron a Micaela a la ambulancia, Verónica y Tadeo la acompañaron. Tadeo, como si recordara algo, sacó su celular y envió un mensaje.

Llevaron a Micaela a la sala de urgencias del hospital. Mientras el médico le limpiaba la herida, alguien llegó apresuradamente: Gaspar.

Era evidente que venía directamente de alguna reunión importante. Llevaba el saco en la mano, su atractivo rostro estaba tenso y su respiración, agitada.

—¿Qué pasó? —preguntó en voz baja a Tadeo, después de echar un vistazo a la herida de Micaela.

—Señor Gaspar, lo siento, fue culpa nuestra. No le inyectamos suficiente anestesia al mono, y despertó a mitad del procedimiento, atacando a Micaela —dijo Tadeo, lleno de culpa.

Gaspar frunció el ceño y se dirigió al médico.

—En su caso, ¿se necesita algún tratamiento especial?

—Tu salud está directamente ligada al futuro de Pilar. No puedo quedarme de brazos cruzados.

Tadeo, al ver la situación, intervino rápidamente.

—Micaela, el señor Gaspar tiene razón. Nosotros nos encargaremos de recolectar los datos del experimento y te los pasaremos para que los analices. Tú descansa y recupérate.

El médico también la aconsejó.

—Señorita Micaela, una herida de este tipo no debe tomarse a la ligera, especialmente si es de un animal de laboratorio. Una infección podría tener consecuencias graves. Quedarse en observación es lo más prudente.

Ante la insistencia de todos, Micaela ya no pudo negarse.

—Está bien —asintió.

***

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