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Divorciada: Su Revolución Científica romance Capítulo 1356

Llevaba una camisa blanca, pantalones de vestir y el cabello peinado con esmero, como si acabara de salir de una reunión importante.

—Gaspar, ya regresaste —lo saludó Jacobo.

Micaela, por su parte, miró su reloj y le dijo a Gaspar:

—Te encargo que cuides a Pilar, por favor. Tengo que subir.

Gaspar asintió.

—Claro, ve a hacer tus cosas.

Micaela se dirigió a Jacobo.

—Ustedes sigan platicando, yo me retiro.

Efectivamente, Micaela tenía un informe importante que escribir, así que se dirigió a paso rápido hacia el edificio.

Jacobo apartó la vista de la figura de Micaela que se alejaba. Por la breve y natural conversación que acababan de tener, era evidente que la distancia entre ellos se había acortado considerablemente.

Y la actitud de Micaela hacia él ya no era tan hostil y distante como antes.

Parecía que habían encontrado un nuevo y sutil equilibrio, uno basado en la crianza conjunta de su hija y en el apoyo que Gaspar le había brindado a Micaela en el trabajo.

Él lo entendió perfectamente.

—Parece que se están llevando cada vez mejor —comentó Jacobo con un toque de broma.

Gaspar apartó la mirada de la espalda de Micaela y se volvió hacia su amigo. Sonrió con un dejo de resignación, pero también con una firmeza evidente.

—Todavía falta mucho camino.

Unas pocas palabras que, sin embargo, revelaban su estado de ánimo actual. Sabía perfectamente los límites que Micaela había trazado y entendía la paciencia y el esfuerzo que aún necesitaba invertir.

En ese momento, Viviana y Pilar se acercaron. Jacobo miró la hora y le dijo a Gaspar:

—Voy a subir a Viviana.

—Papá, ¿me acompañas a dar un paseo? —pidió Pilar, tomando la mano de Gaspar.

—Señor Gaspar, ¿necesita que le enviemos las fotos de la señorita Samanta?

—No es necesario —dijo Gaspar, con un tono de voz notablemente más frío.

Al otro lado de la línea, respondieron de inmediato.

—De acuerdo. Seguiremos monitoreando la situación y le informaremos de cualquier novedad.

Tras colgar, Gaspar abrió una pequeña botella de whisky y se puso a degustarlo frente al ventanal. Era una botella que habían comprado la última vez que fue al supermercado con Micaela, y que ella había pagado.

***

Al día siguiente, a las doce del mediodía, un vuelo aterrizó. Samanta salió del avión de mal humor. Antes, sus viajes siempre incluían un carro privado esperándola; sin importar la hora, siempre recibía el mejor trato.

Pero ahora, cargando su propia maleta, se encontraba en la entrada del aeropuerto, observando la larga fila de gente que esperaba un taxi. Sin un carro privado, no le quedaba más remedio que unirse a la espera.

Se puso unas gafas de sol y un sombrero. Varias miradas masculinas la recorrieron de arriba abajo, lo que le resultó desagradable. En ese momento, percibió el perfume de la chica que tenía delante. El olor a perfume barato le hizo fruncir el ceño al instante y, por reflejo, se tapó la nariz.

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