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Divorciada: Su Revolución Científica romance Capítulo 1422

Samanta se mordió el labio inferior, mirando con desprecio hacia donde había desaparecido el carro de Mario. Ya se iba a ir también cuando el mesero se le acercó.

—¡Señorita, todavía no ha pagado la cuenta!

El cuerpo de Samanta se tensó. Caminó hacia la caja, pagó y se dio la vuelta para irse.

En los últimos tiempos, alguien más se había encargado de su ropa, su comida y su transporte. Hacía mucho que no tenía que sacar la cartera para pagar algo por su cuenta.

Salió del hípico caminando como alma en pena. Aunque era agosto, sentía un frío que le calaba los huesos.

Sin Mario, y con Aitor cortándole los gastos, sin asistente, sin representante... se podía decir que no tenía a nadie que le echara la mano.

En ese momento, le sonó el celular. Miró la pantalla y contestó:

—Bueno.

—Señorita Samanta, según el contrato, hoy es el día programado para la toma de muestras de sangre. ¿Le es posible venir al laboratorio ahorita? —era la voz del asistente de Ángel.

La cara de Samanta se llenó de coraje. Gaspar acababa de correrla sin piedad, ¿y ahora querían que fuera a donar sangre para él? Sentía el orgullo por los suelos. ¿Cómo iba a tener ganas de ir?

—Mejor otro día —respondió seca.

—Señorita Samanta, el contrato es muy claro. Para garantizar la continuidad de la investigación, usted debe cooperar con los horarios establecidos —insistió el asistente con tono de rutina.

Samanta apretó los dientes. De pronto se acordó de que su cumpleaños era el mes que venía. Si se portaba bien, podía exigirle a Gaspar el regalo estipulado en el acuerdo.

Cuando llegara el momento, no pediría un regalo físico; le diría a Gaspar que le diera el valor equivalente en efectivo.

¡Podría sacarle hasta dos millones de pesos!

El análisis de Samanta mostraba resultados positivos tanto en la prueba de anticuerpos como en la reacción plasmática para sífilis.

No podía creerlo, así que repitió la prueba, pero el resultado fue el mismo.

Sin perder tiempo, tomó el reporte y tocó a la puerta de la oficina del doctor Ángel.

—Doctor, este es el reporte de sangre de la señorita Samanta que acaba de salir. Véalo usted mismo —le dijo, entregándole los papeles.

Ángel tomó el informe y su expresión se volvió grave de inmediato. Ese resultado significaba que la sangre de Samanta ya no servía para el experimento.

Al menos, no hasta que estuviera completamente sana, el experimento no podía continuar y tendrían que aplicar controles mucho más estrictos.

Ángel le pidió al asistente que saliera, tomó su celular y, sin dudarlo, marcó el número de Gaspar.

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