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Divorciada: Su Revolución Científica romance Capítulo 1436

Micaela frunció el ceño; la invitación oculta tras las palabras de Gaspar era algo que ambos adultos entendían perfectamente.

Micaela sostuvo su mirada con calma y, con la misma tranquilidad, lo rechazó:

—No, gracias.

Fue una respuesta seca, directa.

La expresión de esperanza en el rostro de Gaspar se congeló un instante. La luz del elevador iluminaba con claridad la incomodidad que cruzó por su atractivo rostro. Bajó la mirada, guardó silencio un par de segundos, y luego volvió a mirarla con una leve sonrisa.

—Perdón, fui demasiado atrevido.

Dicho esto, la miró con ternura y añadió:

—Descansa. Buenas noches.

—Buenas noches —respondió Micaela.

Gaspar salió del elevador y se dio la vuelta para mirar a Micaela una vez más mientras las puertas metálicas se cerraban lentamente.

Sus miradas chocaron de manera inevitable.

Los ojos del hombre eran profundos como el mar, y en ellos se agitaba una marea de emociones que Micaela prefería no indagar.

Ella sostuvo la mirada un par de segundos y luego volteó la cara.

Gaspar observó el indicador del elevador subir hasta el piso veintiocho. Una leve sonrisa curvó sus labios; al parecer, había cosas que no podían apresurarse.

Por la noche, Micaela dejó su bolsa y los regalos, y se metió a bañar. Cuando bajó, Sofía, que estaba recogiendo, le preguntó:

—Señora, ¿este regalo es suyo?

Hasta ese momento Micaela se acordó del obsequio de Gaspar. Se acercó y lo tomó; claramente era joyería. Al abrir la caja, encontró, como imaginaba, una pulsera de zafiros.

A Micaela le gustaban las cosas azules. Al parecer, él todavía lo recordaba.

Tomó la caja y subió a guardarla en la vitrina de cristal donde ponía esas joyas que casi nunca usaba.

Solo se las ponía para eventos muy importantes.

Justo cuando Micaela iba a acostarse, sonó un mensaje en su celular. Vio que era de Gaspar.

[¿Te gustó el regalo?]

[Sí, gracias] —respondió ella de inmediato.

[Qué bueno que te gustó].

[Ya me voy a dormir, descansa tú también] —escribió Micaela, y estiró la mano para tomar el libro de la mesita de noche, con la intención de leer unas páginas.

El celular sonó otra vez. Micaela echó un vistazo y vio otra frase de Gaspar:

Gaspar las tomó, y en el fondo de sus ojos apareció una ternura contenida.

—Gracias.

—Una a la vez, y trata de no depender de ellas por mucho tiempo —le advirtió ella.

Gaspar asintió con una sonrisa.

—Está bien, te haré caso.

Micaela traía puesto el camisón, así que inconscientemente se cruzó de brazos para cubrirse el pecho y le dijo:

—Vete a dormir ya.

Dicho esto, cerró la puerta.

Gaspar apretó las pastillas en su mano, se dio la vuelta y se fue.

Al llegar a su piso, se tomó una pastilla. Llevaba varios días sin dormir bien y necesitaba recuperar fuerzas.

Pero, aunque se tomó la medicina y se acostó, el efecto no fue tan fuerte como esperaba.

O mejor dicho, su cuerpo estaba agotado, pero su mente seguía peligrosamente despierta.

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