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Divorciada: Su Revolución Científica romance Capítulo 1440

Cuando Micaela ya estaba sentada en el carro, Anselmo le dijo con voz grave y clara:

—Micaela, tal vez no sea fácil comunicarnos en el futuro, pero quiero que sepas que siempre seré tu amigo y un respaldo en el que puedes confiar.

Sus palabras fueron breves pero con mucho peso. No había dobles intenciones, ni lamentos; solo una preocupación franca y una bendición sincera.

Cualquier sentimiento romántico que alguna vez hubiera surgido entre ellos, él lo había transformado definitivamente en una amistad sólida y una protección incondicional.

Micaela sintió que se le humedecían los ojos y asintió con fuerza.

—Anselmo, tú también tienes que regresar sano y salvo.

—Lo haré, te lo prometo. —Anselmo sonrió. Bajo la luz tenue de las farolas, su sonrisa se veía limpia y honesta, igual que él.

En ese momento, Anselmo fijó la vista en una camioneta negra a unos quince metros de distancia. Entornó los ojos con agudeza.

—¿Ese vehículo es de escoltas? —le preguntó a Micaela.

Ella asintió.

—Son gente que mandó Gaspar.

Anselmo sonrió.

—Entonces me quedo más tranquilo.

—Regresa tú también —le dijo Micaela.

—Nos vemos. —Anselmo se dio la vuelta y caminó a zancadas hacia su Land Rover negra. Abrió la puerta, subió con un movimiento ágil, arrancó y se fue.

Micaela vio cómo su vehículo se incorporaba al tráfico hasta perderse de vista. Suspiró con nostalgia; Anselmo había sido como una estrella fugaz que cruzó su mundo para luego seguir su propia órbita.

Micaela arrancó su carro. Desde el vehículo de atrás, se envió un mensaje.

En la mansión Ruiz.

El celular de Gaspar sonó. Él lo tomó y leyó: [La señorita Micaela terminó la cena].

Gaspar respondió: [Sigan su carro].

[Entendido].

Gaspar levantó la vista hacia la noche fuera de la ventana. Su mirada reflejaba emociones complejas.

Pero sobre todo, sentía una paz de saber que las cosas se asentaban.

La retirada caballerosa de Anselmo y el hecho de que Micaela estuviera aprendiendo a convivir con él de nuevo, indicaban que todo iba hacia donde él esperaba.

—Ve a buscar tus juguetes un rato, voy a platicar con tu mamá.

Pilar se fue con Pepa al cuarto de juegos. Sofía se acercó y preguntó:

—Señor Gaspar, ¿quiere tomar un té?

Micaela escuchó y le dijo a Sofía:

—Sofía, mejor pica un poco de fruta.

—Claro, ahorita la traigo —sonrió Sofía.

Gaspar miró a Micaela y su sonrisa se hizo más profunda.

—¿Te preocupa que me dé insomnio?

Micaela se sintió incómoda bajo su mirada y se dio la vuelta para acomodar los cojines del sofá.

—Si no duermes bien, deberías tomar menos té y café por la noche.

Gaspar sonrió aún más, sin ocultar su satisfacción.

—Está bien, lo que tú digas.

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