—Solo hablábamos de la investigación, yo tampoco preguntaba mucho. Con el prestigio que tenía tu padre, conseguir inversión era fácil —dijo Nico, y luego añadió pensativo—: Que tu padre aceptara que dejaras la escuela para casarte con Gaspar... probablemente fue con la esperanza de que, si algún día te pasaba algo, Gaspar continuara la investigación para salvarte por el cariño que se tenían. Tal vez suene feo, pero los padres siempre buscan asegurar el mejor camino para sus hijos.
Al escuchar esto, los ojos de Micaela volvieron a arder. Podía imaginar la ansiedad y el amor de su padre.
—Se podría decir que tu papá te buscó un marido en quien apoyarte para el futuro —dijo Nico con franqueza.
Micaela respiró hondo.
—Entiendo lo que quiso hacer.
—Por eso, cuando supe que se divorciaron, me sorprendí y me preocupé. Hasta le eché la culpa a Gaspar, pero luego supe que fuiste tú quien pidió el divorcio —Nico suspiró aliviado—. Pero mira, tú solita resolviste el problema de tu padre y lograste desarrollar la cura para ti misma. Eso es admirable.
Micaela bajó la mirada.
—Gracias por decirme esto, ahora entiendo todo.
—Qué bueno. Lo importante es el presente y el futuro. Veo que Gaspar apoya mucho tu investigación. Aunque estén divorciados, no olvidó la promesa que le hizo a tu padre y le ha metido mucho dinero al proyecto. Eso habla bien de él.
Micaela sabía que Gaspar no invertía sin medida en ese experimento por ganancias, sino para cumplir su promesa y para... salvarla a ella.
Esa idea la dejó aturdida de nuevo; una mezcla de sentimientos indescriptibles se le agolpó en el pecho.
Al final, sonrió con amargura. Las cuentas pendientes entre ella y Gaspar eran tantas que ya era imposible llevar la cuenta.
—Lo sé, él... ha hecho mucho —admitió Micaela.
Nico siguió hablando sobre el experimento, validando varias de las direcciones que Micaela planeaba tomar.
—Échale ganas, quiero que me traigas un Premio Nobel para presumirlo.
Fernando miró su reloj.
—Micaela, son las cinco cincuenta.
Micaela se quedó helada; se le había ido el tiempo por completo. Le dijo a Fernando:
—Fernando, por favor captura los datos por mí, tengo algo urgente y me tengo que ir.
—Claro, Micaela, ve con cuidado —asintió Fernando.
Micaela había dejado su celular en la oficina. Al revisarlo, se quedó pasmada: Gaspar y Adriana le habían mandado varios mensajes. Abrió el último de Gaspar, enviado hacía cinco minutos:
[Voy en camino, ya casi llego].

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