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Divorciada: Su Revolución Científica romance Capítulo 1464

Micaela no esperaba que él fuera tan honesto al admitir esas cosas. Lo miró por unos segundos.

—Lo hecho, hecho está. Lo importante es resolver el problema y asegurarse de que no vuelva a pasar algo así. Deja que la ley se encargue de Lara.

No tenía caso buscar culpables sobre el incidente. El rencor de Lara hacia ella era profundo; aunque no hubiera sido Gaspar quien la despidiera, sino Ramiro o cualquier otro, Lara probablemente también le habría echado la culpa a ella.

Además, con la quiebra de su familia, su padre en la cárcel y su madre reportada en el Buró de Crédito, la vida de Lara ya había tocado fondo. Cualquier cosa podría haber detonado su locura.

—Está bien, no hablemos de eso. Come —Gaspar tomó el tenedor y le sirvió comida.

Micaela se quedó quieta un momento y dijo suavemente:

—Yo puedo servirme.

—Esta noche voy a mandar a un enfermero para que lo cuide. Como a las diez le diré a Tomás que te lleve a casa a descansar —le dijo Gaspar, notando lo cansada que se veía.

Micaela asintió.

—Está bien.

Micaela no comió mucho, pero se acabó el postre. Gaspar no dijo nada, pero por dentro se sintió satisfecho.

Pasadas las ocho, Ramiro insistió varias veces en que Micaela se fuera a descansar. Finalmente, a las nueve, ella se fue.

Al llegar a casa, Micaela abrazó a su hija. Sintió un escalofrío recorrerle la espalda al pensar en lo que pudo haber pasado. Si Ramiro no hubiera bloqueado ese tenedor, por el lugar hacia donde Lara apuntaba, le habría dado directo en el corazón.

Micaela acercó a su hija y la abrazó con fuerza. La pequeña la miró sin entender.

—Mamá, ¿qué tienes?

Micaela aspiró el aroma de su hija, calmando sus nervios, y sonrió.

—Nada, solo que te extrañé mucho.

Esa noche, Micaela durmió abrazada a su hija, pero se despertó de golpe a media noche por una pesadilla. Jadeando, miró a su hija durmiendo a su lado y poco a poco se fue calmando, pero el sueño se le espantó.

No fue hasta la madrugada que logró dormirse otra vez.

—Mmm —respondió con un murmullo bajo.

—Pilar, al rato le digo a tu tía que venga por ti. Vamos a dejar que mamá descanse bien hoy, ¿sí? —le dijo Gaspar a la niña.

Pilar asintió obediente.

—¡Sí!

Adriana llegó a las ocho y media. Como Micaela tenía que ir al hospital a ver a Ramiro, no tuvo más remedio que pedirle a Adriana que cuidara a la niña.

Gaspar llevó a Micaela al hospital en su carro. Verónica ya había llegado y le había llevado el desayuno a Ramiro.

Después de descansar toda la noche, Ramiro se veía mucho mejor. Aunque era un apasionado de la investigación, nunca dejaba de hacer ejercicio, así que tenía buena condición física.

—Señor Gaspar, Micaela, llegaron —saludó Verónica con una sonrisa.

—Verónica, gracias por todo el esfuerzo —le agradeció Micaela, y se sentó junto a la cama de Ramiro—. Ramiro, ¿cómo te sientes?

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