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Divorciada: Su Revolución Científica romance Capítulo 1478

Gaspar manejó y Micaela le dio las indicaciones; en menos de diez minutos llegaron al restaurante.

El sol del mediodía estaba algo fuerte. Micaela bajó del carro y levantó la mano para cubrirse de la luz directa, pero en ese momento, otra mano también le dio sombra sobre la cabeza.

Micaela alzó la vista. Gaspar sonrió; su rostro a contraluz se veía particularmente atractivo.

—Vamos.

Micaela entró al patio del restaurante privado. Hoy había bastante gente, pero por suerte quedaban dos mesas libres.

Entre los comensales había varios colegas del laboratorio. Las mesas que antes estaban llenas de risas y ruido se quedaron en completo silencio al verlos entrar.

Micaela sintió cómo los observaban; después de todo, Gaspar era muy fácil de reconocer.

Tras sentarse, notaron que las personas que antes hablaban en voz alta cambiaron de inmediato a un modo de susurros y cuchicheos.

Micaela pidió la comida y Gaspar agregó dos platillos más. Él le sirvió una bebida con naturalidad mientras ella revisaba unos mensajes que acababa de recibir en su celular. Esta escena no pasó desapercibida para los colegas del laboratorio, quienes comenzaron a chismear con más ganas.

Micaela estaba concentrada respondiendo a Tadeo sobre unos datos experimentales. Solo cuando Gaspar empujó suavemente el vaso hacia su mano, ella levantó la vista, lo miró, le dio las gracias y siguió contestando mensajes.

A Gaspar no le importó. Su mirada se posaba en el ceño fruncido de Micaela. Cuando ella terminó de responder los asuntos de trabajo, tomó un sorbo de su bebida y, notando las miradas alrededor, trató de mantener una expresión tranquila y le preguntó al hombre frente a ella:

—¿Cómo se portó Pilar hoy?

—La pequeña estuvo muy feliz. El instructor dice que tiene mucho talento y es muy valiente.

Al mencionar a su hija, la expresión de Micaela se suavizó inconscientemente.

—Sí, la verdad es que es muy aventada.

Gaspar sacó su celular. Había tomado algunas fotos y videos, pero no se los envió, sino que le pasó el aparato.

Micaela se sorprendió un poco, pero lo tomó. En la pantalla, Pilar aparecía con su traje de jinete completo y su pequeño casco, montada en su poni Alan, sonriendo feliz.

—No parece enfermo. Debe haber sufrido un impacto muy fuerte, dicen que se le puso blanco de la noche a la mañana.

Esos comentarios llegaron vagamente a los oídos de Micaela. Ella bajó la mirada y se concentró en la comida de su plato.

Gaspar también actuó como si no hubiera oído nada, comiendo con total naturalidad.

Pronto, la gente de esas mesas se fue y el ambiente se calmó. Micaela levantó la vista hacia el cabello de Gaspar, como si ella también tuviera curiosidad por saber cómo se le había puesto blanco.

Gaspar alzó la cabeza y se encontró con su mirada. Dejó el tenedor y tomó un sorbo de su bebida.

—¿Tú también tienes curiosidad por saber por qué tengo el pelo blanco? —Gaspar señaló su propio cabello.

Micaela desvió la mirada, apenada.

—Si no quieres decirlo...

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