Micaela se quedó callada otra vez ante su comentario. Era cierto, se le había olvidado de nuevo; el trabajo en el laboratorio ocupaba toda su mente y no tenía tiempo para pensar en otra cosa.
—Yo... —Micaela abrió la boca para defenderse, pero no supo qué decir.
Gaspar, bondadoso, dijo:
—Olvídalo. Mientras a la Dra. Micaela no le desagrade que mi cabello se vea feo, en realidad no importa si no se cura.
Lo que daba a entender era que la opinión de los demás no le importaba, solo la de ella.
Micaela levantó su vaso y soltó un ligero bufido.
—Si no afecta tu salud, en realidad no importa si te tratas o no.
Gaspar curvó los labios en una sonrisa, sabiendo cuándo detenerse. Volvió a tomar el tenedor para comer.
—La obra negra de la villa ya está casi terminada. El diseñador me mandó varias opciones para la decoración de interiores; si tienes tiempo en la noche, las revisamos juntos para decidir.
Micaela lo pensó un momento.
—Mándamelas primero, las veo cuando tenga un chance.
—¡Va! Para los detalles del cuarto de la niña, tomaré en cuenta la opinión de Pilar —dijo Gaspar.
—Está bien —asintió Micaela; claro que quería que su hija participara.
Los dos platicaron un rato sobre la remodelación y terminaron de comer.
Gaspar la llevó hasta la entrada del laboratorio y se fue.
Al regresar al laboratorio, Micaela recibió una llamada de Ramiro. Su abogado había hablado con él sobre el caso del ataque de Lara.
—Lo de Lara ya se definió. Tentativa de homicidio, con agravantes. El abogado dice que probablemente le den seis años.
Micaela, sosteniendo el celular, se paró frente al ventanal de su oficina. El resultado era el esperado; el comportamiento de Lara esta vez fue su propia perdición, pero aun así, sentía un peso en el corazón.
—Entiendo —respondió Micaela en voz baja.
—Conociéndola desde hace tantos años, me da lástima —dijo Ramiro, pero luego su voz se tornó más seria—: Pero es tan patética como detestable. No merece compasión.
Lara tenía lo que se merecía; llegar a este punto fue la tragedia final de su vida.
La vida tenía que seguir, cada quien tenía su propio camino. Lo único que ella podía hacer era valorar el presente, no desperdiciar el tiempo y no defraudar a quienes la trataban con sinceridad.
Se dio la vuelta para regresar al laboratorio cuando el celular vibró. Era un mensaje de Gaspar con los renders 3D de la decoración.
Micaela se sentó, los revisó con cuidado y eligió la opción que más le gustó para enviársela.
[Hoy me toca trabajar hasta las nueve, por favor acompaña a Pilar a cenar] —respondió Micaela.
[Está bien, no te canses mucho] —contestó Gaspar.
Micaela pensó en ir a la cafetería por un café. Apenas llegó, escuchó a dos colegas platicando.
—El próximo mes voy a renunciar.
—¿Por qué vas a renunciar si tienes un buen trabajo?
La voz de la colega estaba llena de resignación.
—No hay de otra. Mi suegra está mal de salud y se regresó a su pueblo, y mis papás tienen que cuidar al hijo de mi hermano. A mi esposo le ofrecieron un ascenso con traslado para un puesto directivo, así que tengo que sacrificar mi trabajo.

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