Es más, ahora que veía la ternura y el aprecio desbordándose en los ojos de su buen amigo, en su corazón solo quedaban buenos deseos.
Algunas personas están destinadas a ser protagonistas en la vida de otros, y él estaba muy dispuesto a ser un pasajero y espectador en la vida de Micaela.
Los tres juntos llevaron el carrito con la comida hacia la zona del césped.
Enzo se acercó al trote.
—Señor Jacobo, señor Ruiz, señorita Micaela, la carpa está por allá.
Pilar llevaba la correa de Pepa, sintiéndose muy importante paseando a su perro.
El paisaje otoñal del parque era precioso; el cielo estaba alto y azul, y a lo lejos se mecían grandes extensiones de juncos dorados con el viento. En el centro había un lago que reflejaba las nubes, perfecto para un paseo de otoño.
La carpa que Enzo había instalado era espaciosa, con mesitas y alfombras preparadas adentro para que las niñas jugaran.
Micaela acomodó la comida: había una gran variedad, todo exquisito.
Pero las pequeñas no tenían tiempo para comer; corrían de un lado a otro con Pepa, charlando de sus cosas.
Los adultos se sentaron a disfrutar de la vista.
Gaspar y Jacobo platicaban sobre su situación actual, y Micaela escuchaba tranquilamente. Cuando Jacobo le preguntó sobre su investigación, Micaela le dio un informe honesto, notando la preocupación en el rostro de él.
Gaspar le dio una palmada en el hombro a su amigo.
—En cuanto la investigación de Micaela tenga avances, tu madre será la primera en recibir el tratamiento.
Jacobo asintió y soltó un suspiro de alivio.
Más tarde, Gaspar y Jacobo llevaron a las niñas a volar papalotes. Micaela se quedó descansando en la carpa. Sobre la mesa había un termo con café recién hecho, cuyo aroma llenaba el aire, contribuyendo a la atmósfera relajada.
La pequeña movía sus piernitas, chupándose el dedo y tambaleándose hacia él con una sonrisa desdentada.
—Despacito —se escuchaba la voz suave y risueña de Micaela fuera de cámara.
La niña se detuvo, tambaleándose, y Gaspar siguió animándola:
—Pilar no tengas miedo, ven, aquí está papá.
Pilar dio unos pasos rápidos y se lanzó a los brazos de Gaspar, quien la besó en la cabeza.
—¡Muy bien, mi bebé!
La cámara de Micaela enfocaba a padre e hija. Luego, Micaela se recargó en el pecho de Gaspar para salir ella también en la toma. En ese momento, Gaspar se inclinó y aprovechó para darle un beso en los labios.

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