—Disculpe, ¿de parte de quién viene esta orden? —preguntó Lourdes, armándose de valor.
—Es una decisión de la dirección.
—¿De qué dirección exactamente? —insistió. Con el respaldo de su tío político, no creía que cualquiera se atreviera a moverla de su puesto.
—Señorita Serrano, entiendo que es instrucción directa del señor Ruiz. Por favor, colabore —dijo la persona al otro lado de la línea sin rodeos.
Lourdes sintió que la sangre se le subía a la cara. ¿Había hecho algo mal hoy? ¿Gaspar en persona había ordenado su traslado? Pero un hombre tan inalcanzable como él probablemente ni recordaba su nombre, ¿cómo iba a ocuparse de moverla de puesto tan rápido?
No dispuesta a resignarse, llamó a su tía Elvira. Del otro lado, Elvira también se sorprendió: —¿Qué? ¿Te quieren cambiar cuando apenas llevas una semana?
—Tía, por favor dile a mi tío que pregunte. Él se lleva bien con el jefe de Recursos Humanos. Que averigüe qué pasó, me gusta mucho este puesto —suplicó Lourdes.
Elvira, que había acomodado a Lourdes con la esperanza de que pescara un marido en la familia Ruiz, trató de calmarla: —Espérame tantito, ahorita le marco a tu tío para ver qué me dice.
Lourdes se quedó sentada en la oficina, sintiendo que los nervios la traicionaban. Repasó mentalmente todo lo ocurrido en la sala de juntas y estaba segura de no haber cometido ningún error.
Cinco minutos después, sonó su celular. Era Elvira.
Contestó de inmediato: —¿Bueno? Tía, ¿qué pasó?
Elvira suspiró con molestia: —Tu tío ya habló con Recursos Humanos. Dicen que el asistente personal de Gaspar les llamó para pedir tu cambio.
—Tía, no te preocupes... yo... acataré la orden —dijo Lourdes para tranquilizarla.
En la oficina principal, Gaspar revisaba las gráficas bursátiles cuando Enzo entró y se paró detrás de él. —Señor Ruiz, ya investigué a la asistente. Es sobrina de Abelardo, entró por recomendación directa, saltándose los filtros.
—Que la corran —ordenó Gaspar sin apartar la vista de la pantalla, con un tono tranquilo pero gélido.
Enzo asintió. —Entendido.
—En mi empresa nadie va a abusar de su puesto —sentenció Gaspar con un destello frío en la mirada.
En cuanto al motivo de Abelardo para meter a esa chica ahí, no hacía falta ser un genio para adivinarlo.

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