Micaela se sintió un poco incómoda.
—¿Cómo crees? No tengo una relación tan cercana con la familia Suárez como para...
—Quiero que me acompañes —la interrumpió Gaspar, mirándola con seriedad y expectativa—. Ir solo me resulta aburrido.
En los últimos tres años habían coincidido en algunos eventos, pero Micaela siempre lo ignoraba. Él anhelaba la oportunidad de aparecer públicamente con ella de nuevo.
En ese momento sonó el celular de Micaela. Vio que era Verónica y tuvo el presentimiento de que tenía que ver con la invitación.
—¿Bueno? ¿Verónica?
—Micaela, acabo de recoger tu paquetería en recepción. Hay un sobre que parece una invitación. ¿Quieres que te lo lleve?
—Ábrelo y dime qué es, por favor.
Verónica lo abrió y confirmó que, en efecto, era la invitación para las bodas de oro del señor Suárez.
Al colgar, Micaela miró a Gaspar.
—Sí, llegó la invitación del señor Suárez.
Los ojos de Gaspar sonrieron.
—Entonces, podemos ir juntos.
Micaela ya no tenía excusa para negarse, así que asintió levemente.
En ese instante, Pilar intentaba subir un escalón con la bicicleta. La levantaba con esfuerzo, pero no lograba subirla. Se giró hacia atrás buscando ayuda:
—Papá, ayúdame.
Gaspar no corrió a auxiliarla de inmediato. Se quedó en su lugar, mirándola con ternura pero con firmeza.
—Pilar, inténtalo tú. Un poco más de fuerza, tú puedes hacerlo.
Bajó las escaleras y vio a Sofía recogiendo la sala. La niñera sonrió:
—Pilar se fue con el señor.
Micaela miró el reloj: nueve cincuenta. Generalmente, cuando había clases, la niña debía estar en cama antes de las diez. Era un hábito, y si se pasaba la hora, Micaela se ponía ansiosa.
—Voy por ella —dijo Micaela, y cruzó la puerta hacia la casa de Gaspar. Sofía sonrió para sus adentros; en su opinión, esa puerta divisoria no debería ni existir.
Micaela pensó que estarían en el cuarto de juegos, pero escuchó las risas de su hija provenientes de la recámara principal de Gaspar.
Un poco exasperada, subió y se paró en la puerta.
—Pilar, ya es hora de dormir.
—Mamá, ¿puedo jugar un ratito más? —suplicó la voz de la niña.

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