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Divorciada: Su Revolución Científica romance Capítulo 1556

Pepa pataleó un poco contra él hasta que la bajó al suelo, donde se sacudió el agua, salpicando todo a su alrededor.

Su dueño había quedado completamente empapado; su costoso conjunto deportivo estaba arruinado.

Además, tenía varias huellas de patas marcadas. Micaela no pudo contener una sonrisa, aunque miró con lástima a la traviesa Pepa que corría de un lado a otro.

—Tu ropa está empapada, mejor regresa a bañarte —le dijo a Gaspar.

Gaspar se miró a sí mismo y asintió.

—Sí, vámonos.

Los dos y Pepa emprendieron el camino de regreso. Micaela decidió que también tenía que bañar a Pepa.

En el camino, cuando Gaspar escuchó que iba a bañar a la perra, decidió que, como él ya estaba mojado, ayudaría a bañarla antes de irse a duchar.

En el jardín había un área especial para bañar a Pepa. Micaela sacó las cosas necesarias. Gaspar se puso en cuclillas y frotó suavemente el pelaje de Pepa para quitarle el lodo con el agua. Micaela, de pie a su lado, le puso el champú para mascotas y Gaspar comenzó a tallarla.

La escena en el jardín esa mañana era cálida y adorable. Pepa se portó muy bien, dejando que su dueño la bañara.

Pronto, Pepa quedó rechinando de limpia. Micaela tomó la secadora y le secó el pelo con cuidado. La perra se tumbó cómodamente en la alfombra, entrecerrando los ojos, disfrutando al máximo.

Gaspar se fue a su casa a bañarse y poco después regresó con ropa cómoda de estar en casa.

Sofía aún no había vuelto y no había lugares cercanos para comprar el desayuno, así que tenían que cocinar. Micaela llevaba mucho tiempo sin cocinar, pero abrió el congelador y vio que aún quedaban ravioles que Sofía había dejado preparados. Sacó suficientes para dos platos.

Gaspar se sentó en el sofá. Aunque parecía mirar las noticias de la mañana, de reojo no dejaba de observar a la mujer en la cocina.

Hace un momento quiso ayudar, pero Micaela le dijo que no era necesario, así que solo le quedaba esperar el desayuno.

Micaela estuvo ocupada unos quince minutos hasta que finalmente salió con los platos y dijo:

—Ven a comer.

Gaspar sonrió, se levantó y se sentó a la mesa. Al ver los ravioles con cebollín esparcido encima, tomó la cuchara, sopló un poco el vapor y probó uno.

Era un sabor familiar. Desde el divorcio, no había vuelto a probar nada cocinado por ella.

Hoy era la primera vez.

—Sofía sigue teniendo muy buena sazón —comentó él.

Capítulo 1556 1

Capítulo 1556 2

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