Las palabras de Gaspar hicieron que Micaela se detuviera en seco. Frunció el ceño y lo miró.
—¿Qué quieres decir?
Gaspar la observó. Tras los cristales, sus ojos profundos tenían un brillo travieso.
—La Cámara de Comercio está impulsando un proyecto clave de apoyo a la investigación científica. Tu investigación cumple perfectamente con los requisitos, y la compra de equipos entra dentro del presupuesto. Yo solo di el visto bueno y conecté los canales adecuados.
Lo que quería decir era que la Cámara pagaba, que no tenía nada que ver con su dinero personal y que solo había sido un gesto tan simple como hacer una llamada.
Micaela frunció aún más el ceño y su voz se tornó seria:
—No tenías que hacer eso. Sé que quieres ayudarme, pero no quiero meterte en problemas. Después de todo, tu relación conmigo es demasiado delicada...
Al ser dinero de la Cámara usado para apoyar a su exesposa, era inevitable que surgieran chismes que podrían afectar su reputación.
La mirada de Gaspar era tranquila, sin rastro de culpa.
—¿Crees que estoy usando el dinero de la Cámara para "sobornarte"? Te equivocas. Primero, el dinero proviene de la Fundación Ruiz Farmacéutica. El Grupo Ruiz tiene derecho a decidir el uso y dirección de los fondos. La dirección y el potencial de tu investigación cumplen totalmente con los estándares de apoyo del proyecto.
Gaspar se acercó un poco más.
—¿Y qué proyecto es más útil que aquel que beneficia a la humanidad? Te ayudé no porque quiera obtener algo a cambio, ni para que me debas un favor. Tú tenías una necesidad y yo tenía la capacidad de cubrirla.
La brisa nocturna movió el cabello junto a la oreja de Micaela. Ella entendió al instante el doble sentido en las palabras de Gaspar.
Levantó la vista, algo exasperada, y se encontró con la mirada sonriente del hombre tras los lentes. Él tenía una expresión inocente, pero su tono ocultaba cierta picardía:
—¿Pensaste en otra cosa?
Micaela se acomodó el cabello y, justo cuando iba a voltear la cara para no verlo, él la tomó de la cintura y la pegó a su pecho. Antes de que Micaela pudiera reaccionar, una moto de reparto pasó zumbando por la acera.

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