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Divorciada: Su Revolución Científica romance Capítulo 1591

Todo aquello eran como pequeñas navajas clavándosele en el cuerpo una y otra vez. En su vida actual, salvo por la venta de sus antiguos bienes, prácticamente había perdido toda fuente de ingresos.

Por suerte, las joyas que Lionel le había regalado en el pasado aún tenían salida en el mercado de segunda mano, aunque al ser usadas, su valor se depreciaba considerablemente.

Pero para asegurarse el sustento en el largo futuro que le esperaba, no podía gastarse todo de golpe. En ese momento, con las cortinas cerradas herméticamente, la habitación estaba impregnada de un leve olor a desinfectante y medicinas. Samanta estaba acurrucada en el sofá, envuelta en un chal de cachemira, con el rostro pálido y sin energía. Ya no quedaba rastro de su antigua apariencia deslumbrante.

Estaba revisando las noticias nacionales en su celular cuando, de pronto, apareció un titular. Los medios habían captado fotos de Gaspar en el aeropuerto.

El hombre vestía un traje negro de corte impecable y llevaba unos lentes de montura dorada sobre el puente de la nariz. Su perfil lucía líneas frías y severas; cada gesto suyo destilaba la confianza y la serenidad de quien tiene el control absoluto.

«Tras el reciente fallecimiento de la matriarca de la familia Ruiz, Gaspar viaja discretamente, con semblante triste pero manteniendo el porte del nieto mayor». Debajo, había una línea más pequeña: «Se informa que el Sr. Ruiz y su exesposa, Micaela, han tenido interacciones frecuentes últimamente. Se especula sobre una posible reconciliación».

—Reconciliación... —Samanta se mordió el labio en silencio.

El odio y el dolor en su interior se enredaron nuevamente en su corazón, casi impidiéndole respirar. Si las personas que ella se esforzó tanto en separar volvían a estar juntas, sería una injusticia para ella.

Prefería que Gaspar se casara con otra, con quien fuera, pero no con Micaela.

Sin embargo, parecía que el destino se empeñaba en no darle gusto.

En ese momento, su celular sonó. Miró la pantalla; era una respuesta que estaba esperando: «Lo sentimos, Señorita Samanta, no podemos organizar su presentación aquí. Gracias por enviar su material».

Samanta tomó una bocanada de aire. Era algo que ya esperaba, pero no por ello dejaba de sentirse frustrada.

Necesitaba dinero. Necesitaba mantener un nivel de vida decente y no podía vivir solo de vender joyas.

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