A la mañana siguiente, Micaela y Gaspar quedaron de verse en el restaurante para desayunar. Hoy, Micaela vestía un traje sastre gris de corte impecable, combinado con unos pantalones de vestir que estilizaban su figura. Llevaba el cabello recogido, dejando al descubierto su rostro fino y perfilado, proyectando un aire de total profesionalismo y eficiencia.
El hotel estaba repleto de los jóvenes talentos que asistían a la cumbre. Apenas apareció Micaela, un hombre la interceptó.
—¿Micaela? ¿Eres Micaela Arias, verdad? —preguntó un caballero de aspecto distinguido, cuya expresión denotaba una gran emoción al verla.
—¿Usted es...? —preguntó ella con una sonrisa cortés.
—Me llamo Matías, del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología. Admiro muchísimo sus trabajos de investigación —dijo Matías extendiendo la mano, con un tono sincero y entusiasta—. Su última publicación sobre el comportamiento neurodegenerativo ofrece una perspectiva única. La he leído varias veces.
Micaela comprendió de inmediato y estrechó su mano.
—Doctor Matías, es muy amable de su parte.
—¿Sería una impertinencia pedirle su contacto, Doctora Arias? Quizá en el futuro podamos intercambiar ideas.
—Por supuesto que sí —asintió Micaela sonriendo. Para ella también era un honor conocer a colegas del gremio.
Justo después de que intercambiaran sus números, una figura apareció detrás de Micaela.
—Buenos días, doctora Micaela.
Micaela no necesitó voltear, pero Matías reconoció al recién llegado al instante.
—Señor Ruiz, es un honor.
—Doctor Matías, mucho gusto —saludó Gaspar estrechándole la mano brevemente. Su figura alta e imponente, sumada a su carisma natural y ese característico cabello grisáceo, hacían que cualquiera pudiera identificarlo, incluso sin haber tratado con él antes.
Con total naturalidad, Gaspar se colocó justo al lado de Micaela.
Matías era un hombre dedicado en cuerpo y alma a su laboratorio en Villa Fantasía, por lo que no solía estar al tanto de los chismes de la alta sociedad y, lógicamente, desconocía el pasado entre Micaela y Gaspar.
Una chispa de curiosidad brilló en sus ojos.
—Señor Ruiz, no sabía que también conocía a la doctora Micaela.
—Es mi exesposa —respondió Gaspar con una sonrisa tranquila y directa, mientras, con un movimiento fluido, pasaba un brazo por la cintura de ella.
Matías se quedó atónito unos segundos antes de reaccionar con una risa nerviosa y rascarse la cabeza.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Divorciada: Su Revolución Científica