Las pupilas de Gaspar se contrajeron de golpe durante unos segundos; el odio de Micaela, en ese instante, se hizo tan claro y evidente como nunca antes.
Inspiró profundo, retrocedió hasta la puerta y dijo con voz contenida:
—Le traje un regalo a Pilar, ¿podrías entregárselo por mí?
Luego de eso, Gaspar dirigió una última mirada hacia el sofá, donde Ramiro jugaba con su hija. Su vista se detuvo un instante en Micaela, apretó los labios y, sin decir nada más, se dio la media vuelta y salió.
Micaela volvió al sofá. Ramiro, con una expresión de preocupación, la miró:
—¿Todo bien?
Ella negó con la cabeza y sonrió apenas.
—Tranquilo, no pasa nada.
Ramiro tomó el cuaderno que ella le había pasado y comenzó a hojearlo. La forma meticulosa en que Kevin Arias documentaba sus investigaciones médicas le inspiró respeto; cada conjunto de datos estaba registrado con extrema claridad.
—Parece que tu papá empezó a investigar la leucemia hace seis años —comentó Ramiro mientras seguía leyendo—. Creo recordar que antes no se dedicaba a eso.
Micaela asintió.
—Sí, hace seis años cambió de rumbo en su investigación, así de la nada.
—¿Sabes por qué lo hizo? —preguntó Ramiro, genuinamente intrigado.
—No tengo idea —respondió ella tras pensarlo un momento—. Jamás me contó sus motivos.
Mientras Ramiro revisaba el cuaderno de Kevin, Pilar se acercó abrazando su peluche y preguntó con curiosidad:
—¿Mamá, están hablando de mi abuelo?
Micaela la cargó en su regazo y le contestó con dulzura:
—Sí, estamos hablando de tu abuelo. Antes era un científico súper importante.
Gaspar terminó su rutina y fue a darse una ducha. Al volver, Enzo se sentó con él a la mesa y, mientras cenaban, le fue informando sobre las novedades del trabajo.
...
Llegó la celebración de Año Nuevo. Micaela aprovechó para salir con Pilar al centro comercial, hicieron algunas compras del hogar y luego fueron a consentir a Pepa con un tratamiento especial para el pelaje. Esas pequeñas cosas de la vida diaria, hechas en compañía de su hija, llenaban de alegría a ambas.
A veces, para una niña, salir de compras con su mamá era el mejor plan del mundo.
Tres días pasaron volando. El lunes, temprano en la mañana, Franco le mandó un mensaje a Micaela:
[Recuerda: la junta del Grupo Ruiz es a las diez. No se te vaya a hacer tarde.]
Como una de las accionistas, Micaela no podía faltar a esa reunión tan importante.
Llegó junto a Franco al Edificio Ruiz. Él la seguía de cerca, cargando el portafolio con los documentos de la junta.

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