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Dominio Absoluto romance Capítulo 64

"Quédense aquí". Les ordenó Álex a los niños con firmeza, luego corrió hacia la casa sin vacilar.

Dentro, dos hombres se erguían amenazantes: uno apuntaba un arma hacia Josefina, mientras que el otro luchaba por levantarse del suelo, clara señal de que ella ya había presentado batalla.

Una anciana permanecía sentada en silencio en su silla de ruedas, con miedo y desafío brillando en sus ojos.

"Suelta ese palo", le gritó el hombre armado a Josefina. "Esta vez no voy a fallar. ¡Te voy a disparar!"

Josefina se mantuvo firme frente a la anciana, con el brazo sangrando por una herida de bala que le había rozado.

"No venderemos nuestra casa", declaró con fiereza. "¡Vete y dile a tu jefe que se puede ir al diablo!"

El hombre disparó al suelo, cerca de sus pies a modo de advertencia, haciendo volar astillas.

"Parece que no entiendes con quién te estás metiendo", Se burló.

Sujetándose la pierna herida, el otro hombre la miró con rabia, al tiempo que luchaba por ponerse de pie.

"Maldita perra", siseó. "¿Cómo te atreves a golpearme? Será mejor que te quites la ropa y firmes los papeles para vender la casa, o mataré a la vieja y te haré suplicar por tu muerte".

Sus ojos recorrieron lascivamente el cuerpo de Josefina; aun con su ropa sencilla, ella irradiaba una belleza innegable.

"Yo que tú no haría eso". Álex irrumpió en la habitación, y su voz autoritaria disipó la tensión.

"¿Y tú quién demonios eres?" Preguntó el hombre con el arma.

El trabajo parecía sencillo en un principio: solo tenían que intimidar a una anciana, unos cuantos niños y una joven que, supuestamente, no se atrevería a resistirse. Jamás imaginó que la situación se complicaría tanto, ni que les llevaría tanto tiempo resolverla. Para colmo, su jefe ya comenzaba a cuestionar su competencia.

"Si das un paso más, te disparo". Advirtió el hombre, apuntando su arma hacia Álex.

Sin inmutarse, Álex continuó avanzando y con un movimiento veloz, desarmó al hombre antes de que pudiera reaccionar, arrebatándole el arma de la mano.

"Si vas a amenazar con un arma, es mejor que sepas lo que se siente cuando te toca a ti".

Álex apuntó el arma y disparó, acertando en el muslo del hombre, quien gritó de dolor y se desplomó, al instante, la sangre comenzó a empapar sus pantalones.

"Solo te di en el músculo. No morirás", afirmó Álex con tono cortante. "Ahora ponte de rodillas y pide perdón, o el próximo tiro te lo meto en la cabeza".

El pánico se apoderó del rostro del hombre. "No serías capaz..."

Sin responder, Álex le disparó en la otra pierna, provocando que el hombre aullara de dolor y el miedo lo invadiera por completo.

"Deja de perder tiempo", ordenó Álex. "Di que lo sientes".

Gimoteando, el hombre cayó de rodillas.

Al contemplar la firme mirada de Álex, su compañero agachó rápidamente la cabeza y murmuró: "Lo sentimos mucho".

Josefina palideció y sus ojos se desorbitaron por la preocupación.

"Álex, estos tipos son de la mafia. Tienes que irte ya. Vendrán por ti".

Él observó a los hombres heridos y preguntó: "¿Van a volver a molestarlas?"

"No... no lo haremos". Tartamudeó el hombre.

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