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Dominio Absoluto romance Capítulo 63

Mientras Álex meditaba su próximo movimiento, Josefina apareció de golpe desde la cocina. Empuñaba una sartén como si fuera un arma y sus ojos resplandecían con furia.

"¡Estoy harta de estas tonterías!" Gritó.

Uno de los matones se lanzó hacia ella, pero Josefina, con un movimiento veloz y certero, le estampó la sartén en plena cara. Se escuchó un crujido nauseabundo al quebrarse su nariz, y el hombre cayó desplomado al suelo.

Álex la observó con un destello de admiración. Josefina seguía siendo tan feroz como siempre, nada de delicadeza; ella encarnaba una verdadera tormenta, y cuando atacaba, el mundo entero sentía su furia.

"¡Agárrenla!" Ordenó el hombre gordo a los dos matones.

Josefina entrecerró los ojos con determinación. "¡Yo cocino, limpio, y lavo la ropa sola! ¡Todos los días me levanto temprano y regreso tarde en la noche... siempre sola!"

Golpeó de nuevo, la sartén impactó contra la mejilla de otro matón con un sonoro crujido, tras lo cual, cayó derribado al piso.

El último matón sacó una navaja pequeña, pero antes de que pudiera usarla, Álex lanzó un cenicero con tal precisión que atravesó todo el restaurante y golpeó directamente su mano, haciendo que el arma cayera al suelo. En ese mismo instante, Josefina estrelló su sartén contra la cara del hombre, que se desplomó inconsciente.

Los tres hombres quedaron tendidos en el suelo grasiento, entre gemidos de dolor. Ninguno se atrevió a levantarse frente a la furia desatada de Josefina.

"¡Tú, gordo!" Gruñó ella, apuntándolo con la sartén. "¡Renuncio! ¡Atiende este cochino restaurante por tu cuenta!"

El hombre gordo vaciló al ver a sus secuaces en el suelo, aunque su arrogancia se desvanecía, todavía intentó provocarla. "¡Ja! Ya verás qué duro es conseguir otro trabajo. ¡Seguro que volverás rogando por tu puesto!"

"Maldito seas", escupió ella con desprecio. "Encontraré un trabajo que pague mejor y donde me traten bien, cabrón".

El dueño del restaurante clavó sus ojos en Álex, destilando odio. "¡Tú! ¡Todo esto es culpa tuya! ¡La pusiste contra mí!"

"Ni lo intentes". Suspiró Álex con cansancio.

"¡Maldito seas!" El hombre gordo se lanzó contra Álex, pero antes de que pudiera tocarlo, ya estaba desplomándose en el suelo.

Al ver eso, los matones intercambiaron miradas aterrorizadas.

"A dormir". Murmuró Álex.

Uno por uno, los hombres se desplomaron inconscientes, junto a su jefe.

Cuando Josefina salió con una bolsa gastada colgada al hombro, Álex notó sus ojos enrojecidos y los rastros de lágrimas en su rostro.

"De verdad le tienes cariño a este sitio". Dijo suavemente, mientras caminaba junto a ella al salir del restaurante.

"Está lleno de recuerdos". Respondió ella, con una voz apenas audible. "¿Por qué cuesta tanto encontrar un sitio donde uno se sienta integrado?"

Caminaron juntos por las calles estrechas y sucias. Al mirarla de reojo, Álex notó su cuerpo menudo, la ropa gastada por el tiempo y la piel curtida por años de trabajo duro.

Josefina parecía una llama resistente, exhausta y tambaleante, pero decidida a seguir ardiendo.

'Ha sufrido tanto'. Pensó Álex sintiendo una profunda tristeza.

Josefina sorbió por la nariz, luego se detuvo abruptamente. "Perdón por hacerte perder tu oportunidad de trabajo".

Álex se encogió de hombros. "Ni siquiera parecía tener ganas de contratarme. En todo caso, te quedaste sin trabajo por mi culpa ".

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