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Dominio Absoluto romance Capítulo 78

Alex se detuvo frente a la fachada desgastada del antiguo edificio de apartamentos de ocho pisos, aferrándose a la postal gastada que Ruth Everheart le había entregado, la única pista de su pasado olvidado. Las letras descoloridas mostraban el número "813".

Alex subió por las escaleras crujientes hasta el octavo piso y se detuvo ante la puerta marcada con el mismo número. Tocó firmemente, pero no recibió respuesta.

En ese momento, la puerta de la casa de al lado, la 812, se abrió con un chirrido y un anciano se asomó, con los ojos nublados por la edad.

"Hace años que nadie vive ahí", dijo con voz ronca. "Ese apartamento lleva desocupado desde que tengo memoria".

"Gracias". Respondió Alex, ofreciendo un educado gesto con la cabeza.

Cuando el anciano desapareció arrastrando los pies, Alex regresó su atención a la puerta del apartamento. Tras respirar hondo, manipuló con destreza la cerradura hasta abrirla y entró sigilosamente.

Partículas de polvo flotaban en los rayos de sol que atravesaban las cortinas cerradas. El ambiente estaba cargado con el peso del abandono y la soledad. Alex avanzó cautelosamente por las habitaciones poco iluminadas, sus pasos resonaban levemente sobre los viejos pisos de madera. Pero al entrar en el dormitorio, se detuvo en seco.

Sobre una cama desvencijada, había un hombre demacrado y pálido que luchaba por mantenerse con vida, respiraba tan levemente que apenas se notaba, como sumido en un profundo letargo.

A Alex se le encogió el corazón.

"Resiste". Susurró, apresurándose al lado del hombre.

De su bolsillo extrajo un pequeño frasco que contenía un elixir revitalizante preparado por él mismo. Con sumo cuidado, vertió unas gotas entre los labios del hombre y contempló cómo la piel las absorbía rápidamente. Luego, posó la mano sobre la frente del hombre y cerró los ojos, concentrándose para transmitirle parte de su propia energía vital para así estabilizarlo.

Mientras sus energías se entrelazaban, percibió la gravedad de las heridas del hombre. No era una persona ordinaria, pues un poder extraordinario habitaba en su interior, aunque ahora apenas brillaba como una llama a punto de extinguirse.

'Es un guerrero legendario'. Pensó Alex, asombrado por la revelación.

Las habilidades del hombre superaban cualquier cosa que hubiera encontrado antes. Durante horas, se dedicó a reparar la fuerza vital fracturada del desconocido, hasta que por fin, percibió un pulso de energía tenue pero estable.

Aunque ya estaba fuera de peligro, la completa recuperación del hombre exigiría ingredientes escasos y valiosos ,que raramente se encontraban en el mercado. Alex sacó su celular e hizo una llamada a la gente de Kingswell.

"Necesito que vengan ahora mismo", indicó. "Encontré a una persona que requiere atención especial. Traigan todos los suministros que puedan".

Al terminar la llamada, su celular volvió a vibrar. "¿Aló?"

"¡Alex! ¡Soy Rudyard!" Exclamó desesperado, uno de los pequeños del orfanato. "¡La policía se llevó a Josefina! ¡Vinieron y se la llevaron a la fuerza! ¡Todos estamos muertos de miedo!"

Alex apretó el celular con fuerza.

"Cuéntame todo". Lr pidió con calma, ocultando su creciente preocupación.

Mientras Rudyard le contaba los detalles, Alex comenzó a trazar un plan rápidamente.

"No salgan y cierren bien todas las puertas", le dijo con firmeza. "Yo resolveré esto, no se preocupen".

Sin perder un momento, marcó otro número. "Julia, necesito un helicóptero ya mismo".

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