El mensaje se envió y tras diez minutos aún no había respuesta.
Alexa sentía una irritación inusual, algo que nunca antes había experimentado. Tras un momento de reflexión, envió otro mensaje: [Hermano, te estoy esperando en nuestro lugar de siempre.]
Matías, quien había recibido el mensaje de Alexa, se encontraba con el móvil en mano, absorto en sus pensamientos.
Cuando recibió el primer mensaje, su instinto fue responderle de inmediato. Sin embargo, al recordar los eventos de la noche anterior y las palabras de Román, sus dedos se paralizaron, incapaces de teclear una sola letra.
Alexita había sido su consentida desde pequeña; conocía muy bien su carácter y a pesar de que ella había vuelto con la familia Lemus, él nunca la había visto como una extraña. La idea de dudar de ella era algo que jamás pensó que surgiría.
Matías se frotó la frente y abrió el segundo mensaje de Alexa. Tras una pausa, finalmente se puso de pie, tomó las llaves del coche que estaban en el cajón y abandonó la oficina.
***
En un restaurante de comida en el centro de la ciudad, en una mesa del segundo piso.
Alexa había pedido a su chofer que la llevara allí después de clases. Había estado esperando más de una hora; desde las cinco hasta las seis de la tarde. A medida que el cielo se oscurecía a través de la ventana, su corazón también se hundía.
No había recibido ninguna respuesta a sus mensajes y no sabía si Matías estaba ocupado o si intencionalmente no respondía. Pensaba que desde la llamada de la noche anterior, algo había empezado a cambiar de manera imperceptible.
Sosteniendo su teléfono móvil, quería llamarlo, pero se contuvo varias veces. Se repetía a sí misma que no debía entrar en pánico, que tenía que mantener la calma.


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