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El Ángel Guardián a Mi Lado romance Capítulo 1007

Demian le prometió a Regina que no le haría daño a Araña.

Él conocía a alguien que podía encargarse del asunto de Araña, así que le pidió a Regina que no se preocupara. Le aseguró que, si había algún avance con Araña, se lo haría saber de inmediato.

Al escuchar esto, Regina confió en Demian.

Ella sabía que, en este tipo de situaciones, Demian no tenía razones para mentirle. Él solía actuar por su cuenta, no necesitaba la aprobación de los demás, mucho menos inventar cosas para engañarla.

Después de organizarse un poco, se dirigieron directamente a Clarosol.

Enzo fue con ellos. Durante todo el trayecto, se la pasó picándole la cresta a Demian, pero en el fondo era pura broma, nada serio, sobre todo porque Demian le había salvado la vida. Era el tipo de rivalidad amistosa que, lejos de herir, fortalecía los lazos.

Al llegar a Clarosol, Enzo se separó del grupo.

—Tengo unos asuntos que arreglar, luego nos vemos —dijo, despidiéndose de Regina con una media sonrisa.

Enzo se acercó a Regina y le soltó:

—Lo que te dije antes sigue en pie. Si alguna vez decides elegirme, aquí voy a estar para ti.

Demian no pudo evitar intervenir:

—Oye, sigo vivo, ¿y aun así te quieres meter a la competencia?

—¡Pues aunque estés vivo, igual y un día te divorcias! —Enzo bufó y, con una sonrisa traviesa, añadió—: Regi, preciosa, espérame, que yo sí voy a volver por ti.

Demian lanzó una mirada de fastidio.

—No la va a hacer, ni te va a esperar, ni te va a dar entrada... De veras, ¿siempre tienes que competir conmigo en todo?

Enzo, por una vez, se puso serio. Con una mirada franca y voz firme, respondió:

—Esta vez no lo hago por competir contigo. Hablando en serio, de verdad me gusta. Si algún día decide dejarte, yo siempre estaré de este lado, con las puertas abiertas para ella. Así que, Demian, más te vale tratarla bien, no la engañes, porque no es una mujer que se quede sola. Siempre va a tener quien la quiera, y entre esos, yo me considero de los mejores.

Demian frunció el ceño, un poco molesto pero sin perder la calma.

—Tu punto es que eres el mejor, ¿verdad? Quédate tranquilo, no pienso engañarla ni dejar que nadie me la quite.

Sin dudarlo, Demian rodeó a Regina con el brazo, acercándola a él.

Su mirada transmitía total seguridad.

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